martes, 08 de mayo de 2007
Poeminos lunáticos (Expresiones propias VIII)
Mariano Estrada en 1972
Expresiones propias VIII
Poeminos Lunáticos
En los tiempos en que yo era estudiante en Madrid, allá por los primeros años setenta, frecuentaba una cafetería de nombre Santa Marta (1) cuyo encargado vivía en la creencia de que los poetas eran seres lunáticos. Alguno de mis amigos, por otra parte, le había soplado a la oreja que yo tenía tratos con la lírica, lo que era una verdad cogida muy por los pelos. El caso es que, a partir de ese momento, cada vez que yo me acercaba a la cafetería, tanto si iba solo como acompañado, él alzaba los brazos y, mirando hacia mí, exclamaba a voz en grito: “Ay luna, luna, luna”. Lo cual se repetía un día y otro, semana tras semana, mes tras mes, e incluso año tras año… (Lo que él no supo nunca es que, a cuenta de esta historia, pero vista de otro modo y por otros ojos, un empleado a sus órdenes me regalaba todos los días el desayuno).
A nadie debe extrañarle, por tanto, y menos a mí mismo, el hecho de que ahora tenga un rinconcito en mi alma, ya que finalmente le acabé escribiendo un poema. A la luna, digo, no al encargado, aunque posiblemente lo mereciera tanto o más que ella “Ay luna, luna, luna”. Y su subordinado también, pero, en su caso, además de un poema, se hubiera merecido un desayuno con diamantes. En Tiffany’s. Lo que pasa es que a menudo las cosas son más complejas de lo que parece y el poema “La luna” se lo acabé dedicando años más tarde a Federico García Lorca, que no era encargado de cafetería ni benefactor de estudiantes desdinerados, sino el poeta que de verdad había metido a la luna en sus versos, porque era suya una parte. Cierto que una luna mirada por los niños y perseguida por los gitanos, y no la luna olvidada que yo vi una noche en Baeza, en las preciosas callejuelas que hay detrás de la catedral… La luna que puede verse aquí:
http://paisajes.blogcindario.com/2007/02/00151-la-luna.html
Naturalmente, a lo largo de los años que desde entonces han ido cayendo sobre mí, que no son mancos ni pocos, le he escrito a la luna algunos otros poemas. Es decir, le he escrito algunos poemas, en otros sólo la he nombrado como de pasada. Unos poemas que, mejores o peores, hasta hoy no han hallado varón para entregarse a él en una noche loca ni oportunidad para salir a la luz casta del día. Hoy los dejo aquí para que se diviertan con vosotros, ya que doy por supuesto que, una vez publicados, los poemas tienen vida propia. Y después de tantos años, supongo que tendrán muchas ganas de divertirse…
(1).- La cafetería Santa Marta estaba en la gasolinera de la Autopista de Barajas en su cruce con la calle Arturo Soria.
Un abrazo
Expresiones propias VIII
Poeminos lunáticos
Luna de papel
Se sabe que la luna se ha formado
con trozos de papel enamorado.
A veces tosco, a veces arrugado,
a veces ricamente perfumado.
Pero lleno de lágrimas espesas,
de súplicas, de besos, de promesas.
O sea que la luna, amigos míos,
es un campo de tinta y desvaríos.
Un monte de papel y de ilusión
con letras del color del corazón.
Luna proyectada
Desde la noche te veo,
luna de amor, alunada,
con una luz rebosante
y, sin embargo, prestada.
Jamás te vi como ahora,
estrella, tan solitaria;
no vi jamás unos ojos
hundidos tanto en las lágrimas.
Luna de amor, luna llena,
luna lunática y clara:
¡Cómo te ahogan los llantos
de los amores que acaban!
¡Cómo te saben las tripas
a desazón y a resaca;
y a corazón desbravado
y a habitación desahuciada!
¡Qué bien conoces las penas
del que está solo en el alma,
desvencijado por dentro,
deshabitado en la casa!
Desde la noche te miro,
desde la noche y la nada;
y sólo tú, luna buena,
y sólo tú me acompañas.
Tengo la copa vacía,
tengo el ayuno en la entraña;
yo soy borracho de amores
y la abstinencia me mata.
Luna, lunar, lunarcito,
tú eres mi copa lejana;
yo te he llenado de versos,
que son de amor, en palabras.
Yo sigo viendo…
Yo sigo viendo la fresa
en el color de tus labios,
la rosa abierta en tus ojos
y la amapola en el campo.
Yo sigo viendo la luna
palidecida en el patio,
la noche ardiendo en tu frente
y la cereza en el árbol.
Yo sigo viéndote llena
de corazón y de pálpitos,
granada como la espiga
y en la sazón de los años.
Sólo yo te odio
Por intimar con la luna
se te alunaron los ojos;
ahora te miran los hombres
y los alunas a todos.
Pero la luna, menguada,
ya no encandila a los locos,
porque le falta esa risa
que se ha quedado en tu rostro.
¡Cuántos te miran ahora!
¡Cuántos te miran, y cómo!
La luna y tú lo acordasteis
para ponerme celoso.
Los dos firmasteis un pacto
cuando cambiasteis los ojos.
Ahora los hombres te aman,
sólo yo solo te odio.
Mujer de luna menguante
Mujer de luna menguante,
dama olvidada.
Yo tengo un canto de grillo
bajo mi almohada.
Palor de lámpara antigua
y arrinconada;
te canta a ti, que estás sola,
las otras van en manada.
Lunar menguante, chiquito,
escueta luna cercada;
desnuda como mis manos
enamoradas.
Yo tengo un beso en la boca
que si no es tuyo no es nada.
Noche sin luna
Por donde saltan los gatos
me deslicé de rodillas.
la noche andaba sin luna
y, más aún, sin bombillas.
La luz quedaba por dentro,
tras la ventana encendida;
y dentro tú, como novia
para el amor ofrecida.
Pero los ojos de un gato,
acaso sólo imaginan
cuando las noches sin luna
tampoco tienen bombillas.
Con una luz solitaria,
que ciegan bien las cortinas,
un gato, por más que quiera,
no puede ver, sólo mira.
Final para salvar el honor:
Entre las luces del alba,
la sombra se desleía;
dejaba el gato tu casa,
entraba el hombre en la mía.
Continuará…
Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios
Blog: http://paisajes.blogcindario.com
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Ahora que pones fotos ¿Porque no has puesto un gato miranto a la luna, aunque sea la de Valencia? Los que tenemos ya una edad nos inclinaríamos por un gato con botas, pero con la mirada felina, tigresca. O mejor de gato montés. Pandoro (nombre masculino de cierta caja)

