Felicidades a Lidia
Querida Lidia:
Me he hecho a la idea de que hoy es tu cumpleaños y te voy a felicitar. A lo mejor no lo es y en realidad debería felicitar a una prima lejana… Vamos, lejana no, ya que en la que pienso es prima carnal, lo que pasa es que vive en Bilbao. Por cierto, lo de prima carnal me hace mucha gracia ¿Es que hay primas de plexiglás, de cartón piedra o de picajosa fibra de vidrio? No creo, aunque tampoco me extrañaría demasiado, dado que hay primas de seguros, primas de productividad, primas de fútbol, primas de negocios… Luego está la prima de verdad, o sea la primavera del Corte Inglés, que es un corte de helado pero en ropa, algo así como un corte de mangas… ¡Apunta, nene!
¿Y qué decir de los primos, los que lo son por los que lo hacen? Recuerda que “
salvándola hice el primo de una manera espantosa”, se reprochaba don Mendo en una trama lejana y divertida... Y además está la serie de los números primos, primos entre sí, entre no, entre rejas, entre algodones, entre… Entre usted de una vez, hombre, y no dé tanto la murga. Felicite a quien tenga que felicitar y luego váyase, señor González, váyase a desbarrar a los charcos que suceden a la lluvia, donde el barro es barro por imperativo natural y no trasciende su ser para formar la carne humana mediante un soplo divino. Di vino. Vino. Vale, pero no vayas a coger una cogorza. Primo carnal, primo lejano, primo primoroso, primo de Murcia, Primo González, “primo / primo, ¿cuándo has venido?” Que no soy primo, soy prima, así que te puedes arrimar y felicitarme… Feli te cito, sí, pero lo hago muy en corto, labio con labio, oreja con oreja, aliento con aliento…
En fin, que he perdido el norte (de Castilla), a pesar de andar por Bilbao haciendo el primo en euskera, sin recato y sin gracia. Compraré el Correo Vasco e intentaré reencontrarme de nuevo con el hilo de la conversación y acomodarme a tu lado con suavidad para felicitarte muy seriamente. De hecho, llevo escrito en la lengua el discurso que debe pronunciar un ruiseñor cuando quiere felicitar a una oropéndola con garantías, y no me importa mucho que sea tu cumpleaños o no. ¿O no es tu cumpleaños o sí? Lo que me importa eres tú, y tú, y tú, y solamente tú… y esa risa tuya,
primorosa y dulce, que sale de las fotografías virtuales que me enviaste, por las que sé que tienes un misterio en los ojos y un cielo en la boca y un encanto en la risa que me deja ante ti con la admiración de los enamorados por enajenación contributiva. Ya sabes que hacienda somos todos.
El tal discurso dice, y ahora ya va en serio:
Que las estrellas iluminen tus noches, que tus días sean deseos cumplidamente satisfechos y que tus males se desvanezcan en un inminente futuro, es decir, ya mismo. No es justo que sobre ti, persona activa, creativa e inquieta, recaigan tantos dolores y que otras personas se aburran porque son incapaces de llenar satisfactoriamente su tiempo. También en esto el mundo está muy mal repartido. Sé que no vale de nada rebelarse, pero ¿cómo aceptarlo sin proferir una queja? Que quede escrita la mía.
Y que quede escrita igualmente mi sentida felicitación, más allá de las tonterías que te he dicho y más allá también de la enfermedad que te tiene postrada y que prácticamente se mastica en los hondos silencios de estos últimos días.
Un beso
Mariano
Posdata: ya puedo afirmar que hoy, día uno de mayo, es el cumpleaños de Lidia