Cumpleaños de Tere
Teresa Estrada Vázquez, 63 años muy bien llevados. Tanto que todos los días los sube a la cantera del Llojadal, en Muelas, donde el aire de invierno pone manantiales en los ojos, goteos en la nariz y rojo pimentón en las mejillas. Aires de altura, panorámicas excelsas, anchos horizontes. Yo suelo pasear por El Charco de Villajoyosa, que tiene un mar precioso, pero no me importaría cambiarlo esta tarde por una ascensión al LLojadal para ver desde allí la estrecha grieta del Fontirín, río que también va a dar a la mar, que es el morir, y celebrar contigo la vida. Porque a los sesenta y tres años debe celebrarse mucho la vida. ¿Y dónde mejor que allí, en la montaña, para celebrarla por todo lo alto?
Reflexión que me sugiere el 63
Querida Tere:
Cumplir años es algo de lo que no podemos huir. Contarlos es algo que hacemos por propia voluntad, primero para saber los que van y luego para pronosticar los que quedan. De no ser por las celebraciones, que por lo general interesan mucho a los grandes almacenes, acaso llegara un día en que los años se diluyeran en el fondo de nuestra mente, como si fueran ovejas que contáramos para dormir: ochenta y ocho, ochenta y nueve, noventa y cinco, ciento doce… Pasados los ciento treinta y siete, por ejemplo, yo creo que a la mayoría nos va a pillar completamente dormidos y, de cualquier modo, a esas alturas de la película nos van a quedar muy pocas ganas de celebrarlos, con o sin velas, ya que se puede colegir fácilmente que sólo serviríamos para poner una cifra en el Guiness, quizás con la siguiente apostilla:
“En contra de toda ley, pronóstico o estadística, una habitante de Muelas de los Caballeros, Zamora, se ha negado a cumplir con el horario de cierre”.
Y aunque nos queda todavía mucha guerra que dar, muchos garbanzos que comer y mucho pescado que freír, lo cierto es que ya estamos más lejos del principio del ayer que del final del mañana: allí donde la cuenta de los años y la de las ovejas se funden y confunden y pierden el peso y la gravedad, o sea “nos liberan de la costumbre de ser algo en la vida”.
Pero justamente por eso, porque entramos en una etapa mucho más apacible, que unos llaman tercera edad y otros simplemente vejez, si tenemos la suerte de sortear con éxito los achaques, puede ser realmente muy buena. Ya dijo Borges que “La vejez –tal es el nombre que otros le dan- puede ser el tiempo de nuestra dicha”.
Que estos años tuyos, que aún son de saludable prejubilación, te vengan dados en júbilo y en gozo. Que no te abandone el buen humor ni la risa que, a pesar de los contratiempos y las adversidades, siempre has llevado contigo. Que sigas siendo la buena persona que eres. Que las enfermedades se alejen de ti unos kilómetros a la redonda para que, a partir de hoy, día de tu 63 cumpleaños, puedas tener toda la felicidad que yo te deseo y que tú sin duda mereces.
Muchas, muchísimas felicidades
Y un beso de quien va siguiendo tus pasos de cerca porque no quiere perderte de vista. Oye, y porque a mí también me gusta cumplir, aunque por cumplir no lo hago, claro, lo hago porque te quiero. Hermana.
Mariano