lunes, 19 de marzo de 2007
El caballo de Atila (Una mentira encadenada)
El caballo de Atila
Una mentira encadenada
Se acusan de mentir
los unos a los otros,
los otros a los unos.
Pero yo veo en todos ellos
al caballo de Atila, del que dicen
que llevaba en las herraduras
el exterminio de la hierba.
Me explico:
Del caballo del huno
dijo un día su sombra, que es el otro:
“Donde pisa, morena,
pisa con garbo”
Y se formó el desierto.
En cambio,
los desiertos de nuestra sociedad,
tienen su origen en la hierba
que chafan cada día los políticos.
(No me refiero a la maría,
obviamente querida y cultivada,
ni tampoco a la hierba de los campos)
Pregunta:
¿Y usted quién es
que reparte este tipo de sermones?
¿A qué dios se encomienda, qué bondades prodiga,
qué títulos posee, qué derechos se arroga?
Respuesta:
No soy nadie ni nada,
Tan sólo un afectado
por el Plan General
de Ordenación de la mentira,
urdido en las espaldas de la ley
y mantenido en candelero por un
consentimiento generalizado.
Es corruptor de las costumbres,
los usos y la honestidad.
Se extiende como pólvora y pervive
sumergido en la sombra del poder,
que es ancha y larga y puede que alcalina.
Efectos.
Muchos y malos.
Por lo que a mí respecta,
me repugna el vinagre
en que se ha convertido el vino
de la conversación
o mosto natural de la palabra.
Me apenan las miradas recelosas,
los silencios que ahondan el dolor
que ensanchan las distancias y producen
erizos en las sillas, odios
en los ojos, culebras por doquier
y por doquier resentimientos.
El caballo de Atila
debería ausentarse de las Cortes
Generales, así como de todos
los organismos públicos
que, de forma grosera y despiadada,
han tomado por suyos
quienes debieran darse a ellos
con la humildad de los de-votos,
mostrarse agradecidos
y ser sus esforzados servidores
Y para colmo…
Da vergüenza decirlo,
pero es un hecho cierto
que hay represalias y persecuciones.
No por mentir
-como sería digno y justo,
equitativo y saludable-,
sino por denunciar
públicamente a los que mienten.
De hecho,
no me sorprendería nada
que a mí me visitara algún sicario
descerebrado de las huestes
fanáticas de la mentira,
para advertirme seriamente
de la categoría del peligro.
Más o menos así:
“Ten cuidado, chaval,
no vayas a caerte de la bici”.
Y como yo no tengo bici,
puede que un día les desinflen
las ruedas a mis trenes de papel.
Lo que nunca podrán es desinflar
las alas transparentes de mis
queridas mariposas volanderas,
a las cuales me doy
con devoción indestructible
¿Comprende usted, amigo?
- Ya lo creo, comprendo
que usted es maricón.
Todos tenemos nuestra cruz, la suya
le viene por detrás y es bien jodida.
Primero lunas, luego flores,
y para postre mariposas…
Por suerte para usted
ya murió Torquemada.
Escolio:
(Como veis, la mentira es un valor
que se cotiza al alza en el mercado.
La verdad, que es ingenua,
ha dejado de ser
un objetivo perseguible,
es decir, una zanahoria,
y ha devenido caca de la vaca.
¿Importa mucho, acaso? No,
lo que importa es matar al mensajero,
para que deje de incordiar
a los depredadores,
que son los propietarios
de la caza, las brujas,
el coto y la escopeta.
Quiero ser optimista,
pero no sé, no sé…
Pinta todo muy chungo)
Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios
Blog: http://paisajes.blogcindario.com
Una mentira encadenada
Se acusan de mentir
los unos a los otros,
los otros a los unos.
Pero yo veo en todos ellos
al caballo de Atila, del que dicen
que llevaba en las herraduras
el exterminio de la hierba.
Me explico:
Del caballo del huno
dijo un día su sombra, que es el otro:
“Donde pisa, morena,
pisa con garbo”
Y se formó el desierto.
En cambio,
los desiertos de nuestra sociedad,
tienen su origen en la hierba
que chafan cada día los políticos.
(No me refiero a la maría,
obviamente querida y cultivada,
ni tampoco a la hierba de los campos)
Pregunta:
¿Y usted quién es
que reparte este tipo de sermones?
¿A qué dios se encomienda, qué bondades prodiga,
qué títulos posee, qué derechos se arroga?
Respuesta:
No soy nadie ni nada,
Tan sólo un afectado
por el Plan General
de Ordenación de la mentira,
urdido en las espaldas de la ley
y mantenido en candelero por un
consentimiento generalizado.
Es corruptor de las costumbres,
los usos y la honestidad.
Se extiende como pólvora y pervive
sumergido en la sombra del poder,
que es ancha y larga y puede que alcalina.
Efectos.
Muchos y malos.
Por lo que a mí respecta,
me repugna el vinagre
en que se ha convertido el vino
de la conversación
o mosto natural de la palabra.
Me apenan las miradas recelosas,
los silencios que ahondan el dolor
que ensanchan las distancias y producen
erizos en las sillas, odios
en los ojos, culebras por doquier
y por doquier resentimientos.
El caballo de Atila
debería ausentarse de las Cortes
Generales, así como de todos
los organismos públicos
que, de forma grosera y despiadada,
han tomado por suyos
quienes debieran darse a ellos
con la humildad de los de-votos,
mostrarse agradecidos
y ser sus esforzados servidores
Y para colmo…
Da vergüenza decirlo,
pero es un hecho cierto
que hay represalias y persecuciones.
No por mentir
-como sería digno y justo,
equitativo y saludable-,
sino por denunciar
públicamente a los que mienten.
De hecho,
no me sorprendería nada
que a mí me visitara algún sicario
descerebrado de las huestes
fanáticas de la mentira,
para advertirme seriamente
de la categoría del peligro.
Más o menos así:
“Ten cuidado, chaval,
no vayas a caerte de la bici”.
Y como yo no tengo bici,
puede que un día les desinflen
las ruedas a mis trenes de papel.
Lo que nunca podrán es desinflar
las alas transparentes de mis
queridas mariposas volanderas,
a las cuales me doy
con devoción indestructible
¿Comprende usted, amigo?
- Ya lo creo, comprendo
que usted es maricón.
Todos tenemos nuestra cruz, la suya
le viene por detrás y es bien jodida.
Primero lunas, luego flores,
y para postre mariposas…
Por suerte para usted
ya murió Torquemada.
Escolio:
(Como veis, la mentira es un valor
que se cotiza al alza en el mercado.
La verdad, que es ingenua,
ha dejado de ser
un objetivo perseguible,
es decir, una zanahoria,
y ha devenido caca de la vaca.
¿Importa mucho, acaso? No,
lo que importa es matar al mensajero,
para que deje de incordiar
a los depredadores,
que son los propietarios
de la caza, las brujas,
el coto y la escopeta.
Quiero ser optimista,
pero no sé, no sé…
Pinta todo muy chungo)
Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios
Blog: http://paisajes.blogcindario.com

