lunes, 05 de marzo de 2007
Era sólo un almendro
Queridos amigos:
Hay algunas personas de la Lista de amigos de Paisajes Literarios que no han podido abrir el último pps de Mar, Era sólo un almendro. Para ellos, y también para los que visiten este Blog y no estén en la Lista referida, cuelgo el poema recreado, ya que no puedo colgar la recreación. A cambio, añado un pequeño prólogo de mi libro Desde la flor del almendro, que, si os gusta, puede ser algo así como miel sobre hojuelas.
Un abrazo
Era sólo un almendro
A Lidia,
que estuvo en el origen del poema
Era sólo un almendro,
junto al camino,
pero yo me topé
de frente con la dicha.
Era sólo un puñado
frágil de flores luminosas,
sin embargo, la sangre
se me puso de golpe alborozada.
Y yo cerré los ojos
para atrapar la miel,
para guardar en la retina
la imagen del instante,
que ya era también de las abejas.
Al volver a la luz
supe que todo era un ensueño…
Pero ¿qué importa?, sé también que un día
cualquiera de mi vida,
el ensueño tendrá su realidad
en un recodo íntimo,
junto al camino.
Y yo seré la savia de ese árbol
en cuyas flores, hoy,
dieciocho de febrero
del dos mil siete,
a las doce del mediodía,
hundo con gozo la mirada.
Y siento una emoción
que me desborda
y se deshace en llanto.
¿Qué ha ocurrido? No sé,
era sólo un almendro
junto al camino.
Sus flores,
vigorosas de luz,
derramaban sonrisas de belleza.
Mariano Estrada
Desde La flor del Almendro
En las breves líneas que ilustran la solapa de mi último libro publicado, Azumbres de la noche, manifiesto que fue escrito donde tiene su aposento la luz, entre las brisas salobres de este undoso Mar llamado Mediterráneo. Lo que entonces no sabía es que el mediterráneo lo llevaba yo dentro, al menos en alguna de sus formas o interpretaciones. Lo supe al esbozar otro libro: el que ahora está en tus manos, lector, pues aparte de la luz o el mar, tan tópicos como ineludibles (tan propicios, por tanto, para la impregnación, la subyugación e incluso la dulía), aparte de "esas cosas", digo, se deja ver el paisaje: ése que yo he aprendido a amar en los 21 últimos años de mi vida: pinos y palmeras, hortales y collados, regatones, trochas, cambroneras... Y especialmente el almendro, con su tronco de vieja soledad, con su flor de luna.
Ni que decir tiene que el paisaje de mi niñez, tan otro, tan distinto, queda preservado amorosamente en los claros sin tacha de mi alma. Frente a él, y a pesar de tan honda caladura, el mediterráneo es un beso reciente. No se excluyen, no obstante; quizás se complementan; los dos habitan en mí de una forma civilizada y enriquecedora. Eso sí, me duelen ambos porque ambos corren peligro: uno por obligadas incurias, otro por excesivos hormigones.
Y entre estos dos azúcares de amor, yo, amante pródigo, confieso que un paisaje de almendros -especialmente en un lugar adecuado, como lo son ciertos valles de la Marina (Alicante)-, es de tal belleza que a mí me arrastra a las fimbrias nebulosas de la realidad o íntima frontera del ensueño. Es decir, me deja boquiabierto, desverbado, humildemente desnudo.
Lo penoso es pensar que sobre estos enclaves milenarios, cargados ya de lastres insufribles, pero bellos aún, pueda alzarse una sentencia última de mutilación o varias más sutiles de velada muerte. Por lo cuál, desde esa flor dulce de luna, cárdena o albina, con toda la belleza subsidiaria del paisaje, yo vindico el almendro no sólo como exaltación de un pasado, sino también y, sobre todo, como parte inexcusable de nuestro destino.
Mariano Estrada
Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios
http://paisajes.blogcindario.com
Hay algunas personas de la Lista de amigos de Paisajes Literarios que no han podido abrir el último pps de Mar, Era sólo un almendro. Para ellos, y también para los que visiten este Blog y no estén en la Lista referida, cuelgo el poema recreado, ya que no puedo colgar la recreación. A cambio, añado un pequeño prólogo de mi libro Desde la flor del almendro, que, si os gusta, puede ser algo así como miel sobre hojuelas.
Un abrazo
Era sólo un almendro
A Lidia,
que estuvo en el origen del poema
Era sólo un almendro,
junto al camino,
pero yo me topé
de frente con la dicha.
Era sólo un puñado
frágil de flores luminosas,
sin embargo, la sangre
se me puso de golpe alborozada.
Y yo cerré los ojos
para atrapar la miel,
para guardar en la retina
la imagen del instante,
que ya era también de las abejas.
Al volver a la luz
supe que todo era un ensueño…
Pero ¿qué importa?, sé también que un día
cualquiera de mi vida,
el ensueño tendrá su realidad
en un recodo íntimo,
junto al camino.
Y yo seré la savia de ese árbol
en cuyas flores, hoy,
dieciocho de febrero
del dos mil siete,
a las doce del mediodía,
hundo con gozo la mirada.
Y siento una emoción
que me desborda
y se deshace en llanto.
¿Qué ha ocurrido? No sé,
era sólo un almendro
junto al camino.
Sus flores,
vigorosas de luz,
derramaban sonrisas de belleza.
Mariano Estrada
Desde La flor del Almendro
En las breves líneas que ilustran la solapa de mi último libro publicado, Azumbres de la noche, manifiesto que fue escrito donde tiene su aposento la luz, entre las brisas salobres de este undoso Mar llamado Mediterráneo. Lo que entonces no sabía es que el mediterráneo lo llevaba yo dentro, al menos en alguna de sus formas o interpretaciones. Lo supe al esbozar otro libro: el que ahora está en tus manos, lector, pues aparte de la luz o el mar, tan tópicos como ineludibles (tan propicios, por tanto, para la impregnación, la subyugación e incluso la dulía), aparte de "esas cosas", digo, se deja ver el paisaje: ése que yo he aprendido a amar en los 21 últimos años de mi vida: pinos y palmeras, hortales y collados, regatones, trochas, cambroneras... Y especialmente el almendro, con su tronco de vieja soledad, con su flor de luna.
Ni que decir tiene que el paisaje de mi niñez, tan otro, tan distinto, queda preservado amorosamente en los claros sin tacha de mi alma. Frente a él, y a pesar de tan honda caladura, el mediterráneo es un beso reciente. No se excluyen, no obstante; quizás se complementan; los dos habitan en mí de una forma civilizada y enriquecedora. Eso sí, me duelen ambos porque ambos corren peligro: uno por obligadas incurias, otro por excesivos hormigones.
Y entre estos dos azúcares de amor, yo, amante pródigo, confieso que un paisaje de almendros -especialmente en un lugar adecuado, como lo son ciertos valles de la Marina (Alicante)-, es de tal belleza que a mí me arrastra a las fimbrias nebulosas de la realidad o íntima frontera del ensueño. Es decir, me deja boquiabierto, desverbado, humildemente desnudo.
Lo penoso es pensar que sobre estos enclaves milenarios, cargados ya de lastres insufribles, pero bellos aún, pueda alzarse una sentencia última de mutilación o varias más sutiles de velada muerte. Por lo cuál, desde esa flor dulce de luna, cárdena o albina, con toda la belleza subsidiaria del paisaje, yo vindico el almendro no sólo como exaltación de un pasado, sino también y, sobre todo, como parte inexcusable de nuestro destino.
Mariano Estrada
Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios
http://paisajes.blogcindario.com
Añadir comentario
Pues es una pena que no puedan abrirlo, porque es una maravilla, como todas las creaciones de Mar. ¡como tu poema! (Muchas gracias por dedicármelo) ¡Sois unos artistas los dos! Y tú un amante de los almendros, por lo que veo...a mí también me hipnotiza su belleza.
¡Besos almendrados! L.
¡Besos almendrados! L.
Simplemente decirte que me ha encantado tu poema me encantaría conocer mas poemas la poesía forma parte de mi vida junto a la pintura un saludo Rafa

