miércoles, 21 de febrero de 2007
¿Inspiración o trabajo? Cela decía que era oficio
¿Inspiración o trabajo? Cela decía que era oficio
El domingo pasado, por la tarde, tuve el placer de intercambiar con Lidia unos cuantos correos electrónicos. De pronto, tras mandarle uno de ellos, me puse a escribir un poema, cosa que hace tiempo no hacía. La verdad es que fue un poco al tuntún, como quien no quiere la cosa. Pero la cosa fue bien, de forma que en el correo siguiente le dije: “No te lo vas a creer, pero entre correo y correo he escrito un poema. Creo que sin darme cuenta he empezado a escribir ese libro que tenía en muy dudoso proyecto”. A lo que Lidia me contestó: “¿Cómo que has escrito un poema entre correo y correo? ¿Y no me lo enseñas? ¿Y lo del libro? ¿Te ha venido la inspiración de repente?”.
Pues no lo sé, Lidia, pero no creo. En realidad yo “Siempre he pensado que escribir poesía es un acto de la voluntad antes que un regalo de la inspiración, razón por la que he podido afirmar que, para enfrentarme a ese toro, yo no entiendo de ritos, como no sea el de ponerse delante de un papel y de mirar hacia adentro para extraer una vivencia sedimentada, una rosa incorrupta, una paisaje añorado, un dolor, un gozo, una sombra vieja que ha medrado en el vértigo y la noche. Eso es justamente lo que he hecho en este libro, mirar hacia adentro donde, día a día, se ha ido sedimentando el afuera: ése al que sin duda pertenezco y en parte ya me define. Y de esa honda mirada, que surge de una libre apetencia, han nacido estos versos. ¿Qué es, por tanto, la inspiración, sino una dama obsecuente y generosa, abocada a la eclosión y al abrazo? Predisposición, vivencias, rumios, lecturas...e innúmeros actos de voluntad: he ahí los secretos para enamorar a esa dama” (Tomado de la solapa del libro Desde la flor del almendro)
Es evidente, no obstante, que un libro se inicia en algún punto concreto, que puede ser un factor determinante de su desarrollo ¿Es ése un momento de inspiración? No sé, yo creo que sólo es el arranque, la partida. Todas las cosas tienen un principio, como es lógico, y éste tal vez tenga siempre una causa que lo provoque. De hecho, un libro puede estar embalsado en tu interior, esperando una lluvia torrencial que haga reventar de golpe la presa. En esta tesitura, más que inspiración, acaso hubiera que hablar de desencadenamiento. Finalmente, yo tiendo a creer en la siguiente afirmación: “La inspiración existe, pero debe pillarte trabajando”
Dejo aquí la forma en que nació mi último libro publicado, Amores colaterales:
“Tras la celebración de una fiesta a la que inexcusablemente estábamos invitados, había llegado la hora de la despedida. Como muchos de los asistentes, yo seguía sus movimientos mientras ella caminaba hacia el coche que iba a distanciarla de mí. Eran movimientos elegantes, como corresponde a una mujer tremendamente hermosa que, además de ir de largo, vestía con esmero y con gusto. El vestido era de miel, como sus ojos. Al abrir la portezuela del vehículo, giró de golpe su cuello y me miró. Lo hizo con tanta honestidad, que yo no tuve duda ninguna de las cosas que quiso transmitirme: unas cosas que, desligadas de toda vanidad, he tratado de resumir en estas breves palabras: Agradezco y comparto tus sentimientos, me reconozco en tu admiración, lo que no es ni será, bien pudo haber sido. ¿Tendré que decir que muchos de mis sueños y este libro tienen su origen en aquella intensa mirada?”.
Mariano Estrada, www.mestrada.net Paisajes Literarios
Blog: http://paisajes.blogcindario.com
El domingo pasado, por la tarde, tuve el placer de intercambiar con Lidia unos cuantos correos electrónicos. De pronto, tras mandarle uno de ellos, me puse a escribir un poema, cosa que hace tiempo no hacía. La verdad es que fue un poco al tuntún, como quien no quiere la cosa. Pero la cosa fue bien, de forma que en el correo siguiente le dije: “No te lo vas a creer, pero entre correo y correo he escrito un poema. Creo que sin darme cuenta he empezado a escribir ese libro que tenía en muy dudoso proyecto”. A lo que Lidia me contestó: “¿Cómo que has escrito un poema entre correo y correo? ¿Y no me lo enseñas? ¿Y lo del libro? ¿Te ha venido la inspiración de repente?”.
Pues no lo sé, Lidia, pero no creo. En realidad yo “Siempre he pensado que escribir poesía es un acto de la voluntad antes que un regalo de la inspiración, razón por la que he podido afirmar que, para enfrentarme a ese toro, yo no entiendo de ritos, como no sea el de ponerse delante de un papel y de mirar hacia adentro para extraer una vivencia sedimentada, una rosa incorrupta, una paisaje añorado, un dolor, un gozo, una sombra vieja que ha medrado en el vértigo y la noche. Eso es justamente lo que he hecho en este libro, mirar hacia adentro donde, día a día, se ha ido sedimentando el afuera: ése al que sin duda pertenezco y en parte ya me define. Y de esa honda mirada, que surge de una libre apetencia, han nacido estos versos. ¿Qué es, por tanto, la inspiración, sino una dama obsecuente y generosa, abocada a la eclosión y al abrazo? Predisposición, vivencias, rumios, lecturas...e innúmeros actos de voluntad: he ahí los secretos para enamorar a esa dama” (Tomado de la solapa del libro Desde la flor del almendro)
Es evidente, no obstante, que un libro se inicia en algún punto concreto, que puede ser un factor determinante de su desarrollo ¿Es ése un momento de inspiración? No sé, yo creo que sólo es el arranque, la partida. Todas las cosas tienen un principio, como es lógico, y éste tal vez tenga siempre una causa que lo provoque. De hecho, un libro puede estar embalsado en tu interior, esperando una lluvia torrencial que haga reventar de golpe la presa. En esta tesitura, más que inspiración, acaso hubiera que hablar de desencadenamiento. Finalmente, yo tiendo a creer en la siguiente afirmación: “La inspiración existe, pero debe pillarte trabajando”
Dejo aquí la forma en que nació mi último libro publicado, Amores colaterales:
“Tras la celebración de una fiesta a la que inexcusablemente estábamos invitados, había llegado la hora de la despedida. Como muchos de los asistentes, yo seguía sus movimientos mientras ella caminaba hacia el coche que iba a distanciarla de mí. Eran movimientos elegantes, como corresponde a una mujer tremendamente hermosa que, además de ir de largo, vestía con esmero y con gusto. El vestido era de miel, como sus ojos. Al abrir la portezuela del vehículo, giró de golpe su cuello y me miró. Lo hizo con tanta honestidad, que yo no tuve duda ninguna de las cosas que quiso transmitirme: unas cosas que, desligadas de toda vanidad, he tratado de resumir en estas breves palabras: Agradezco y comparto tus sentimientos, me reconozco en tu admiración, lo que no es ni será, bien pudo haber sido. ¿Tendré que decir que muchos de mis sueños y este libro tienen su origen en aquella intensa mirada?”.
Mariano Estrada, www.mestrada.net Paisajes Literarios
Blog: http://paisajes.blogcindario.com
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:Mujer?, poesía
Te busco,
en un afán sagrado
que me iguale a los dioses,
creando y recreando las palabras.
Vienes a mí,
en un sigilo sorprendente
que me rompe el silencio,
arrancando de mi alma lo inefable.
Te espero, trabajando,
para que me encuentre despierto el arrebato.
Dejo que me invadas;
que me desbordes, lleno de tí, - y de mi-
sin yo saberlo.
No salgo de mí: callo.
Dejo que tu voz vocee, (mas suavemente),
como el grito de un "dios".
Y me escucho por dentro,
sin importarme que los otros no alcancen
a tenerte
como yo te tengo.
Ahora me entrego a tí.
Y dejo que me goces.
Y te disfruto, entera,
-¡qué ingenua ensoñación de humano!.
Y me abandono en tu dulzura,
más hombre, y más desnudo.
Y te susurro:
"¡Poesía!"
(a.g. aprendiz)
................
Te busco,
en un afán sagrado
que me iguale a los dioses,
creando y recreando las palabras.
Vienes a mí,
en un sigilo sorprendente
que me rompe el silencio,
arrancando de mi alma lo inefable.
Te espero, trabajando,
para que me encuentre despierto el arrebato.
Dejo que me invadas;
que me desbordes, lleno de tí, - y de mi-
sin yo saberlo.
No salgo de mí: callo.
Dejo que tu voz vocee, (mas suavemente),
como el grito de un "dios".
Y me escucho por dentro,
sin importarme que los otros no alcancen
a tenerte
como yo te tengo.
Ahora me entrego a tí.
Y dejo que me goces.
Y te disfruto, entera,
-¡qué ingenua ensoñación de humano!.
Y me abandono en tu dulzura,
más hombre, y más desnudo.
Y te susurro:
"¡Poesía!"
(a.g. aprendiz)
................
Buen referente has tomado, Mariano, porque Lidia y su carta, a todos nos dejó embelesados.
Y es cierto, todo tiene un principio, y a veces, a algunos les hace falta un huracán o un viento para dar el comienzo, y sin embargo a otros , entre correo y correo, les sobra tiempo.
Así pues, ánimo y al toro, pero de papel y pluma, que a ti seguro que te sale una "lidia" mejor que Arruza.
Un abrazo
Y es cierto, todo tiene un principio, y a veces, a algunos les hace falta un huracán o un viento para dar el comienzo, y sin embargo a otros , entre correo y correo, les sobra tiempo.
Así pues, ánimo y al toro, pero de papel y pluma, que a ti seguro que te sale una "lidia" mejor que Arruza.
Un abrazo
¡Corroboro que es totalmente cierto! La tarde de los correos no sólo fue divertida, también fue sumamente fructífera. ¡Saludos y besos! L.

