Mi?rcoles, 24 de enero de 2007
De fuentes, de prados y de hierbas

Mi padre, que hered? del Profeta Daniel el nombre y la valent?a para enfrentarse a los leones, compr? una buena parte de las fincas que ten?a La Iglesia en el pueblo de Muelas de los Caballeros, Zamora, entre las que hab?a un prado al que llamaban ?El prado del Se?or?. En ?l nac?a una fuente cuyas aguas, sin embargo, brotaban en el prado colindante, que no era de La Iglesia, sino de un hombre particular al que apodaban el Padre Santo, que tambi?n tiene gracia la cosa. Dicha fuente se utilizaba para beber, porque naturalmente era buena.

Un lejano d?a de junio, siendo yo imberbe pero observador, mi familia se afanaba en las labores de la siega y acarreo de la hierba, sobre las que no voy a hacer disertaciones. De pronto se acerc? a aquella fuente un conocido hombre del pueblo al que todos llamaban el Cristo, aunque no en su presencia porque sab?an que no lo llevaba nada bien y ten?a un complicado car?cter. Es decir, unas malas pulgas.

- Daniel ?dijo, a la vez que se agachaba a coger agua con un cuerno. Un cuerno de los que no se llevaban en la frente, sino en el costado, para la piedra de afilar.
- ?Qu? pasa, Jos? Antonio? ?le contest? mi padre, llam?ndole por su buen nombre.
- Mira t? c?mo se enredan las cosas... ?hizo una larga pausa y prosigui?- Esta fuente nace en el prado del Se?or, desemboca en el del Padre Santo y la bebe el Cristo...

Y el hombre, cuyo semblante normal era serio, se re?a con ganas de su ocurrencia, con la que fue condescendiente hasta perdonarse lo que puesto en otras bocas era para ?l un insulto. ?Ni yo soy el Cristo ni permitir? que nadie me crucifique?. Jam?s condescendi? con aquellos que, sin atreverse a hacerlo por delante, le crucificaban a diario por la espalda. Y eran todo un pueblo.

Mariano Estrada

LA SIEGA DE LA YERBA.

Luc?a una cornamenta
torcida, pit?n-serrada,
que le iba dando en el muslo
por el camino del alba.

Llevaba dentro dos piedras:
la dulce y la esmerilada.
Al hombro el filo curvado
de la guada?a.

En una mano el botijo
y la fardela a la espalda,
con la figura del hambre
y el surtidor de la parra.
En la cabeza los piensos,
el aguardiente en el alma...

Voy a los prados, morena,
voy a las yerbas, salada.
Voy a beberme el roc?o
de la alborada.

La yerba se hace bara?o
con el sudor de la cara.
Un sol antiguo, muy duro,
trae una fuerza muy plana.
Afila, siega y afila,
vuelve a afilar y... ?descansa!
?Que alivio un trago de vino
en el final de la escarcha!

Voy a las yerbas, morena,
voy a los prados, salada,
Voy a ba?arme en el r?o
de la solana.

Un arroyuelo de mimbres
discurre por la hondonada.
La sombra viene del cielo
para beber junto al agua.

- Provecho para el que siega.
- Salud para el que esparrama.

La tarde mira hacia el pueblo
con una sombra cansada.
La yerba duerme de un lado,
del otro duerme la cama.

Mariano Estrada
Del libro ?Trozos de cazuela compartida?

Tags: De fuentes, de prados y de hierbas

Publicado por Mariano.Estrada @ 18:44
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Comentarios
Publicado por Alfredo Escalada
Mi?rcoles, 24 de enero de 2007 | 22:45
Mariano:

Tu horoscopo pone hoy: "?tendr?s una sorpresa, ma?ana!"

Saludos,
Publicado por Invitado
Jueves, 25 de enero de 2007 | 0:12
Mariano, eres el ?ltimo poeta con sabor a pueblo, a yerba y a tierra mojada,?que pena que se acaben, los poetas, no solo los andaluces, sino los universales!

Y seguro estoy que esa sorpresa que te anuncian, solo puede ser halagadora y buena.
Publicado por Invitado
Jueves, 25 de enero de 2007 | 0:37
Sinceramente yo creo que ser?n dos sorpresas en vez de una, espero que la primera sea buena y la segunda un poquito buena.