lunes, 18 de diciembre de 2006
Un alto en la ruta
Un alto en la ruta
En este pequeño pasaje del libro “Aguablanca: caminos de ida y vuelta”, se describe un punto concreto de la ruta en el que nos detuvimos a comer y en el que los ojos fotográficos de Fernando Medrano y José Manuel Gutiérrez vieron bellezas suficientes como para sacrificar por ellas la comida, cosa que a mí me sorprendió en un principio, pero luego vine a saber que esa no es una praxis exclusiva de fernandos o de josemanueles, sino de fotógrafos en general. El problema es que después, al afrontar la pendiente de la pedriza, les flaquearon levemente las piernas, especialmente a Fernando, cuya enjuta y aparentemente frágil figura necesita de una adecuada protección gastronómica. Para colmo, en uno de los numerosos agujeros que hay entre los incontables pedruscos, se perdió para siempre un cristal de sus gafas. O sea que tuvo que terminar la excursión, de la que faltaba aún la peor parte, como un cristo bendito, desfallecido y cegato. No obstante, todavía tuvo fuerzas para llegar a la cumbre e inmortalizarnos a todos con su cámara. Porque, eso sí, Fernando lleva la cámara donde suele llevarse la obsesión, ya puede haber pálpitos o desfallecimientos. Por último, los problemas estuvieron mayormente en las botas katiuskas de Inmaculada Martínez, leonesa y un poco benidormí, a quien, pisando aquel suelo irregular, se le desarticularon dos veces y tuvimos que recomponerlas otras tantas con dedicación y con celo. Con mucho celo.
Y también con algo de prisa, porque veíamos que se nos echaba encima la noche. No tanta, sin embargo, que a algunos de nosotros, sin duda los más intrépidos, nos impidiera desplazarnos un trecho del camino, cuando finalmente encontramos el camino, para visitar una antigua mina de hierro sobre la que, según pudimos ver con nuestros ojos, ha pasado el caballo de Atila, un caballo al que Medioambiente le ha dado el nombre de cortafuegos. Eso sí, en el camino de vuelta nos topamos con un pequeño reptil cuya lengua es bífida…
- ¿Una víbora? ¿Dónde? Bruja, más que bruja, que tienes el demonio en el cuerpo…
Un abrazo
Montes de Velilla. Valle de Tijeo. ¡Dios, qué valle! Horcajo. Vértice. Confluencia de torrenteras. Brusquedad, cambio de pendiente. A partir de aquí, también cambian las marchas, más potentes, más cortas. A la izquierda, mirando hacia las cumbres, muy arriba, está la Fuente del Buey, donde ahora beben los corzos. A la derecha, una gran pedriza. En el centro está la virtud. En el centro bajo, en el bajo vientre, donde el bosque tiene más esplendor y los robles son más airosos. Mira ese ejemplar, Josico ¿Te has fijado bien? Un roble cuyas ramas son robles cuyas ramas son robles. Un roble eleático, digamos ¿Cuántos años tendrá, María Jesús? No sé, pero es un roble espléndido y robusto, “hermoso como un león al mediodía”, “con la fuerza de un joven campesino que atraviesa de un salto el río”
¡Qué planta, madre, qué tronco! ¿No percibís la eternidad, la calma, el lento crecimiento de la madera? Ante un árbol así ¿no pierden peso las cosas? ¿No pierden gravedad? ¿No se evidencia lo efímero? No sé, no sé... Efímera es la rosa, por ejemplo, y, aunque en nada es comparable, en nada desmerece ¡No! La rosa es Platón y Milton y Alejandría. La rosa es eterna, como el mármol. La rosa es simplemente inmortal ¿Y el rosetón? El rosetón es un bien catedralicio. El rosetón puede ser arte, pero no huele. Dura, pero no es eterno. Despierta admiración, pero no es cómplice de amores descarnados, risas inclementes, arrebatos de lágrimas. El roble es un templo de vida y fortaleza. Puede ser casa, puede ser tálamo, puede ser fuego. La rosa, que es fragancia, es metáfora y símbolo. El roble y la rosa, como símbolos que son, son también inmortales.
¿Y el arroyo? El arroyo es un proyecto de río y el río es un proyecto de mar. Un proyecto seco, en todo caso ¿Where is dónde? Nada por aquí, nada por allí...Yo no veo río ninguno. No, no, verás, “in illo tempore”, bajo el calor de un verano sofocante, la reina de las napeas estaba a la sombra de los robles, virginal y desnuda. El arroyo, que era un dios inocente y vergonzoso, no pudo soportar la contemplación ¡Tanta maravilla! Y entonces se hizo invisible en este punto, como los gatos en la noche, como el metro en la ciudad, ocultándose, cada año, hasta que vienen las lluvias y los deshielos. La diosa no ha vuelto jamás, pero estos musgos la esperan todavía, porque en ellos estuvo un día tumbada. Tumba por aquí, sepultura por allí. Guadiana, necrópolis, misterio. Fuente del Buey. Toro Tumbo. El paraje está teñido de sensualidad. El hechizo es palmario. La belleza emborracha los sentidos. La soledad penetra en el alma por los poros. Se diría que va a volver pronto la diosa...
- Esa historia, Isidro, encaja en la mitología tradicional, aunque nada nuevo le añade.
- Es cierto, Antonio, pero describe un rincón de esta comarca cuya belleza me importa resaltar, porque es de los más bellos que he visto.
- Pasión incluida, supongo.
- No creas. Los fotógrafos que iban en el grupo, y eran dos, se implicaron tanto en el tema que se olvidaron de comer, mientras nosotros nos poníamos las botas de la gula. Cosa que es normal, por otra parte, cuando los fotógrafos encuentran un motivo.
- ¿Pero eran fotógrafos auténticos o simples japoneses con cámara? –preguntó Antonio, tirándose directamente a la yugular.
- Bueno, no es Sebastiao Salgado, pero José Manuel Gutiérrez es especialista en reportajes para revistas de turismo y actualmente dirige una de ellas: Pérgamo. En cuanto a Fernando Medrano ¿qué te voy a decir? Pasión, alma, sensibilidad. Categoría y altura. Inteligencia objetiva. Arte. El biólogo Joan Piera, a quien Mariano Estrada ha bautizado como “el señor de las orquídeas”, le ha definido como “poeta de la imagen”. Tiene varios premios y el Instituto Alicantino de Cultura, Juan Gil-Albert, acaba de publicarle un libro cuyo título es “La mirada y la vida”. Por cierto, con una foto de Muelas ¿Son avales bastantes o tenemos que bastantear un certificado de garantías?
Del libro “Aguablanca: caminos de ida y vuelta”
Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios
Blog: http://paisajes.blogcindario.com
En este pequeño pasaje del libro “Aguablanca: caminos de ida y vuelta”, se describe un punto concreto de la ruta en el que nos detuvimos a comer y en el que los ojos fotográficos de Fernando Medrano y José Manuel Gutiérrez vieron bellezas suficientes como para sacrificar por ellas la comida, cosa que a mí me sorprendió en un principio, pero luego vine a saber que esa no es una praxis exclusiva de fernandos o de josemanueles, sino de fotógrafos en general. El problema es que después, al afrontar la pendiente de la pedriza, les flaquearon levemente las piernas, especialmente a Fernando, cuya enjuta y aparentemente frágil figura necesita de una adecuada protección gastronómica. Para colmo, en uno de los numerosos agujeros que hay entre los incontables pedruscos, se perdió para siempre un cristal de sus gafas. O sea que tuvo que terminar la excursión, de la que faltaba aún la peor parte, como un cristo bendito, desfallecido y cegato. No obstante, todavía tuvo fuerzas para llegar a la cumbre e inmortalizarnos a todos con su cámara. Porque, eso sí, Fernando lleva la cámara donde suele llevarse la obsesión, ya puede haber pálpitos o desfallecimientos. Por último, los problemas estuvieron mayormente en las botas katiuskas de Inmaculada Martínez, leonesa y un poco benidormí, a quien, pisando aquel suelo irregular, se le desarticularon dos veces y tuvimos que recomponerlas otras tantas con dedicación y con celo. Con mucho celo.
Y también con algo de prisa, porque veíamos que se nos echaba encima la noche. No tanta, sin embargo, que a algunos de nosotros, sin duda los más intrépidos, nos impidiera desplazarnos un trecho del camino, cuando finalmente encontramos el camino, para visitar una antigua mina de hierro sobre la que, según pudimos ver con nuestros ojos, ha pasado el caballo de Atila, un caballo al que Medioambiente le ha dado el nombre de cortafuegos. Eso sí, en el camino de vuelta nos topamos con un pequeño reptil cuya lengua es bífida…
- ¿Una víbora? ¿Dónde? Bruja, más que bruja, que tienes el demonio en el cuerpo…
Un abrazo
Montes de Velilla. Valle de Tijeo. ¡Dios, qué valle! Horcajo. Vértice. Confluencia de torrenteras. Brusquedad, cambio de pendiente. A partir de aquí, también cambian las marchas, más potentes, más cortas. A la izquierda, mirando hacia las cumbres, muy arriba, está la Fuente del Buey, donde ahora beben los corzos. A la derecha, una gran pedriza. En el centro está la virtud. En el centro bajo, en el bajo vientre, donde el bosque tiene más esplendor y los robles son más airosos. Mira ese ejemplar, Josico ¿Te has fijado bien? Un roble cuyas ramas son robles cuyas ramas son robles. Un roble eleático, digamos ¿Cuántos años tendrá, María Jesús? No sé, pero es un roble espléndido y robusto, “hermoso como un león al mediodía”, “con la fuerza de un joven campesino que atraviesa de un salto el río”
¡Qué planta, madre, qué tronco! ¿No percibís la eternidad, la calma, el lento crecimiento de la madera? Ante un árbol así ¿no pierden peso las cosas? ¿No pierden gravedad? ¿No se evidencia lo efímero? No sé, no sé... Efímera es la rosa, por ejemplo, y, aunque en nada es comparable, en nada desmerece ¡No! La rosa es Platón y Milton y Alejandría. La rosa es eterna, como el mármol. La rosa es simplemente inmortal ¿Y el rosetón? El rosetón es un bien catedralicio. El rosetón puede ser arte, pero no huele. Dura, pero no es eterno. Despierta admiración, pero no es cómplice de amores descarnados, risas inclementes, arrebatos de lágrimas. El roble es un templo de vida y fortaleza. Puede ser casa, puede ser tálamo, puede ser fuego. La rosa, que es fragancia, es metáfora y símbolo. El roble y la rosa, como símbolos que son, son también inmortales.
¿Y el arroyo? El arroyo es un proyecto de río y el río es un proyecto de mar. Un proyecto seco, en todo caso ¿Where is dónde? Nada por aquí, nada por allí...Yo no veo río ninguno. No, no, verás, “in illo tempore”, bajo el calor de un verano sofocante, la reina de las napeas estaba a la sombra de los robles, virginal y desnuda. El arroyo, que era un dios inocente y vergonzoso, no pudo soportar la contemplación ¡Tanta maravilla! Y entonces se hizo invisible en este punto, como los gatos en la noche, como el metro en la ciudad, ocultándose, cada año, hasta que vienen las lluvias y los deshielos. La diosa no ha vuelto jamás, pero estos musgos la esperan todavía, porque en ellos estuvo un día tumbada. Tumba por aquí, sepultura por allí. Guadiana, necrópolis, misterio. Fuente del Buey. Toro Tumbo. El paraje está teñido de sensualidad. El hechizo es palmario. La belleza emborracha los sentidos. La soledad penetra en el alma por los poros. Se diría que va a volver pronto la diosa...
- Esa historia, Isidro, encaja en la mitología tradicional, aunque nada nuevo le añade.
- Es cierto, Antonio, pero describe un rincón de esta comarca cuya belleza me importa resaltar, porque es de los más bellos que he visto.
- Pasión incluida, supongo.
- No creas. Los fotógrafos que iban en el grupo, y eran dos, se implicaron tanto en el tema que se olvidaron de comer, mientras nosotros nos poníamos las botas de la gula. Cosa que es normal, por otra parte, cuando los fotógrafos encuentran un motivo.
- ¿Pero eran fotógrafos auténticos o simples japoneses con cámara? –preguntó Antonio, tirándose directamente a la yugular.
- Bueno, no es Sebastiao Salgado, pero José Manuel Gutiérrez es especialista en reportajes para revistas de turismo y actualmente dirige una de ellas: Pérgamo. En cuanto a Fernando Medrano ¿qué te voy a decir? Pasión, alma, sensibilidad. Categoría y altura. Inteligencia objetiva. Arte. El biólogo Joan Piera, a quien Mariano Estrada ha bautizado como “el señor de las orquídeas”, le ha definido como “poeta de la imagen”. Tiene varios premios y el Instituto Alicantino de Cultura, Juan Gil-Albert, acaba de publicarle un libro cuyo título es “La mirada y la vida”. Por cierto, con una foto de Muelas ¿Son avales bastantes o tenemos que bastantear un certificado de garantías?
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