viernes, 15 de diciembre de 2006
Las perdices de Muelas y Miguel Delibes
Las perdices de Muelas y Miguel Delibes
Nota preliminar
Poco antes de escribir este párrafo, el Norte de Castilla había emprendido una concienzuda y meritoria campaña, a la que yo modestamente me sumé, para empujar a Delibes hacia el Nobel de Literatura. La escopeta política era también de Valladolid, ya que en ese momento gobernaba Aznar en España.
Un abrazo
El camino que va hacia los Valgones podía llamarse también la corredera de las perdices. Si Miguel Delibes padre, que las llama patirrojas (porque lo son), se hubiera anticipado a Miguel Delibes hijo, que a veces viene a cazarlas a estos pagos, el camino de los Valgones hubiera figurado sin duda en el “Diario de un cazador”, lo cual hubiera sido malo para las perdices, por supuesto, y tal vez un desastre para la comarca. Cuando la caza era libre, ya sufrimos bastante con las indiscriminadas escopetas de los vascos, como para tener que aguantar también las escopetas de Valladolid, que ahora apuntan muy lejos, y aun las del resto de los cazadores españoles que se echen a los ojos a este hereje entrañable, a este príncipe destronado que no sólo se tilda de cazador, sino que defiende “racionalmente” la caza. Postura que requiere de los cazadores grandes dosis de juicio, del que, desgraciadamente, “la Escopeta Nacional” tiene muy poco. Ahí es donde Delibes tiene perdida la batalla. Esa batalla, no la emprendida hace algún tiempo por los muchos admiradores de su literatura que, orientados por la brújula de Castilla, puede llevarle a Estocolmo, que es ciudad y símbolo, porque la brújula de Castilla apunta siempre hacia el Norte. Por otra parte, dicen las lenguas viperinas que, en esta actualidad tan turbulenta y dislocada, los premios se los llevan siempre los negros, los que lo son por los que los tienen. Y a mí me da la impresión, y me la da después de estar “Cinco horas con Mario”, de que Delibes ha tenido un negro en el tintero durante toda su vida, hasta el punto de que ha entrado en su yo, se lo ha comido en una sopa de letras, y ha ocupado impunemente su alma. De manera que, negro sobre blanco, ahora es ladrón y antropófago ¿Se necesitan mejores credenciales? Yo le brindo mi apoyo fervoroso en la batalla del Nobel.
Del libro “Aguablanca: caminos de ida y vuelta”
Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios
Blog: http://paisajes.blogcindario.com
Nota preliminar
Poco antes de escribir este párrafo, el Norte de Castilla había emprendido una concienzuda y meritoria campaña, a la que yo modestamente me sumé, para empujar a Delibes hacia el Nobel de Literatura. La escopeta política era también de Valladolid, ya que en ese momento gobernaba Aznar en España.
Un abrazo
El camino que va hacia los Valgones podía llamarse también la corredera de las perdices. Si Miguel Delibes padre, que las llama patirrojas (porque lo son), se hubiera anticipado a Miguel Delibes hijo, que a veces viene a cazarlas a estos pagos, el camino de los Valgones hubiera figurado sin duda en el “Diario de un cazador”, lo cual hubiera sido malo para las perdices, por supuesto, y tal vez un desastre para la comarca. Cuando la caza era libre, ya sufrimos bastante con las indiscriminadas escopetas de los vascos, como para tener que aguantar también las escopetas de Valladolid, que ahora apuntan muy lejos, y aun las del resto de los cazadores españoles que se echen a los ojos a este hereje entrañable, a este príncipe destronado que no sólo se tilda de cazador, sino que defiende “racionalmente” la caza. Postura que requiere de los cazadores grandes dosis de juicio, del que, desgraciadamente, “la Escopeta Nacional” tiene muy poco. Ahí es donde Delibes tiene perdida la batalla. Esa batalla, no la emprendida hace algún tiempo por los muchos admiradores de su literatura que, orientados por la brújula de Castilla, puede llevarle a Estocolmo, que es ciudad y símbolo, porque la brújula de Castilla apunta siempre hacia el Norte. Por otra parte, dicen las lenguas viperinas que, en esta actualidad tan turbulenta y dislocada, los premios se los llevan siempre los negros, los que lo son por los que los tienen. Y a mí me da la impresión, y me la da después de estar “Cinco horas con Mario”, de que Delibes ha tenido un negro en el tintero durante toda su vida, hasta el punto de que ha entrado en su yo, se lo ha comido en una sopa de letras, y ha ocupado impunemente su alma. De manera que, negro sobre blanco, ahora es ladrón y antropófago ¿Se necesitan mejores credenciales? Yo le brindo mi apoyo fervoroso en la batalla del Nobel.
Del libro “Aguablanca: caminos de ida y vuelta”
Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios
Blog: http://paisajes.blogcindario.com
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Lo malo del tema, Mariano, está en la palabra "indiscriminadamente, algunos pagan una cuota, se las ponen como a Felipe VII y luego las desperdician.
En Enguera había mucha caza, pero entre los abusos y los fuegos, ya no queda nada. JMP
En Enguera había mucha caza, pero entre los abusos y los fuegos, ya no queda nada. JMP

