La España especulativa
En el entorno donde vivo, que es el de Benidorm y su comarca, la especulación tiene una solera de muchos quilates. Como los buenos vinos. Y no viene de este último envite de la construcción, en el que la especulación ha entrado hasta en las almas de los devotos (En Benidorm hay un cura con título de agente inmobiliario y, en sus mejores tiempos, ejerció puntualmente de promotor), sino que viene de los años 60, cuando los focos de interés urbanístico eran poco más que una nota exótica. Téngase en cuenta que el de Benidorm, si no el primero, fue uno de los primeros Planes Generales de Ordenación que se hicieron en nuestro País y que ha llovido mucho desde entonces. Sin ir más lejos, yo he vivido en Benidorm los “booms” económicos del 73 y del 88, además de este de ahora, que se ha extendido como la pólvora por esta piel de toro que aún llamamos España y que parece no tener término. Por cierto, ojalá no acabe de golpe porque, si así lo hiciera, sin duda nos llevaría a todos a un pequeño desastre. ¿O tal vez es eso lo que en realidad nos conviene?
En fin, las vacas flacas son malas, muy malas. Pero las gordas, si son largas y excesivas, como esta que nos ha tocado vivir, pueden ser asquerosamente grasientas. Y la grasa, ya sabéis, es el origen de muchísimos males, especialmente el que recubre y ahoga la sensibilidad.
En el año 1.988, yo escribí una especie de cuento en el que un rico heredero relataba los avatares que pueden ocurrirle a un erial sobre el que ha caído la suerte en forma de calificación urbanística. Podéis leerlo aquí:
http://paisajes.blogcindario.com/2005/12/00020-el-huevo-urbanistico-o-las-confesiones-apocrifas-de-un-rico-heredero.html
http://www.mestrada.net/el_huevo_urbanistico.htm
Lo que ha ocurrido después es que aquellos gérmenes invadieron las conciencias, en las que se instalaron hasta multiplicar los espacios de la codicia, y, en un tiempo asombrosamente escaso, se han extendido prácticamente a todos los ámbitos de una sociedad que, saltando la barrera de los valores, se ha subido al tren de la ganancia fácil, la vida sobre patinetes y la miel sobre hojuelas.
En la maraña especulativa que nos envuelve, están comprendidas todas las formas de la corrupción: la prevaricación, el cohecho, el soborno, el fraude, el engaño, el robo, la malversación, el cambalache, el clientelismo… Ha tenido que llamarnos ha atención hasta la ONU, una organización que, no obstante, guarda un silencio cómplice y ominoso ante el esquilmo y la sangría que los países “civilizados” (a los que ahora se han sumado los asiáticos) siguen perpetrando en África, donde los dictadores, con raras excepciones, no sólo campan a su antojo, sino que, con blindajes en sus respectivos parlamentos, convierten las dictaduras en regímenes hereditarios, que es la mayor barbaridad política que a alguien se le pueda ocurrir ¡Qué horror! ¿O acaso hay otras más grandes?
Mientras tanto, los atribulados habitantes de este inmenso continente, mermados por el sida y despojados de la riqueza y de la esperanza, huyen como pueden en busca de mejores horizontes para sus vidas. Algunos vienen a España, donde la riqueza tiene forma de especulación, y ésta, a su vez, es una de las formas del humo. Un humo que ahoga y que envilece.
Dejo aquí un apunte que, en relación con este asunto de la especulación, dirigí hace unos meses a uno de los queridos contertulios del Foro de Muelas
Querida Natalia:
El problema de la especulación es exactamente igual que en 1988, pero infinitamente más grande. Y está implicada en él mucha más gente. Tanto es así que, si la especulación existe en estos términos desaforados es porque la sociedad de algún modo la disculpa. Es duro decirlo, pero es así. Lo mismo que disculpa las drogas (alcohol incluido, por supuesto), lo mismo que disculpa la corrupción económica, lo mismo que mira para otra parte cuando sus gobernantes se dedican a la venta de armas o a esquilmar a los países del tercer mundo.
En el campo inmobiliario, en España se ha perdido la profesionalidad empresarial en beneficio de la especulación. Yo supe que todo estaba perdido el día en que ocurrió la siguiente conversación, de la que fui testigo de primerísima mano:
- ¿Cuánto te ha costado el solar?
- Ciento veinte millones de pesetas
- ¿Y tú los has pagado? Pero si me lo ofrecieron a mí por ochenta la semana pasada y yo les dije que no...
- ¿Y eso qué importa? Lo que ibas a vender por 10 lo vendes por 12 y Santas Pascuas.
- Ya, pero todo tiene un límite, un día dejarán de comprar y a alguien le tiene que pillar sin vender...
- Bueno, lo que tenemos que hacer tú y yo es procurar que no nos pille a nosotros...
No voy a decir que antes no hubiera especulación, lo que sí digo es que fue a partir de entonces cuando el virus empezó a meterse en las venas de ciertas capas sociales que hasta entonces eran inmunes a ese nuevo “negocio”, y la enfermedad se ha ido extendiendo a las mayorías. Hay quien dice que eso está bien, porque así participa todo el mundo de la “riqueza” (¿De la riqueza? ¿Y no querrá usted decir exactamente del humo?) Pero no es verdad, primero porque no participa todo el mundo (los económicamente débiles siguen sin enterarse de nada, sólo de que sube la vivienda); segundo, porque no participa todo el mundo por igual y las “mayorías” son utilizadas como disculpa por los que de verdad se llevan el caramelo. Y tercero y definitivo, porque la especulación no debe ser jamás democratizada, sino perseguida y erradicada. ¿Se entiende que hay una leve diferencia?
Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios
Blog: http://paisjes.blogcindario.com