miércoles, 29 de noviembre de 2006

De vacas y de víboras

Queridos amigos:

Hace algún tiempo colgué en el Foro de Muelas un fragmento de un libro que viene a ser una disertación, más o menos afortunada, sobre las víboras. Podéis leerla aquí: http://paisajes.blogcindario.com/2006/11/00119-la-vibora.html

Luego, como si de un estatuto de autonomía se tratara, la doté de un pequeño preámbulo y, en éste, aparecía una chica a la que, a pesar de tener novio, sólo había dos cosas en el mundo que le causaban respeto: las víboras y las vacas.

Pero he aquí que a un amigo de Valencia, llamado Agustín Zaragozá, las víboras no le llamaron la atención, y sí la chica y las vacas. Lo cual me sorprendió sobremanera, porque el motivo del relato no eran ni la chica ni las vacas, sino, como digo, las víboras. Total, que me vi en la necesidad de escribir unas líneas sobre las vacas, que he recuperado para exponerlas aquí:

Con un abrazo


De vacas y de víboras

¿La chica? Mal puse el ejemplo, compañero, si, queriendo yo atraer la atención sobre las víboras, tu te has fijado en la chica y en las vacas... Y de ahí, por no sé qué vericuetos de la imaginación, has llegado a la maldad de la una, conectando así con la víbora, y a la bondad de las otras, concretándola en el queso y la leche y olvidándote por completo del arado y la carne Y digo yo: ¿es que no has oído hablar nunca del estofado de vaca?

Pues bien, el miedo es libre, querido Agustín, y hay vacas y vacas...En Muelas ha habido algunas torcidas y éstas han infundido siempre cierto respeto. La de Severiana, a la que yo he tenido el gusto de conocer personalmente (“el gusto es mío”, decía ella), es una digna representante de estas últimas... Lo sé de buena ley, pues amén de ser su vecino ocasional, fui sufridor indirecto de una de sus embestidas. Las víctimas, Rosa y Charo, que son respectivamente mi mujer y mi hermana. Eran vacaciones de Navidad, estábamos en días de matanza, había nieve en las calles… Por encargo de mi madre, Rosa y Charo habían ido a buscar a una casa vecina la máquina de picar los chorizos, que va sobre una tabla como las leyes de Moisés, aunque ésta era de Bea, la tendera del barrio...

Y ahí vino el problema porque la vaca, que las guipó desde lejos, las embistió como un toro... Instintivamente, ellas soltaron el armatoste, se pusieron a correr y, por fortuna, llegaron salvas a casa. Eso sí, llegaron con angustias, con pálpitos, con histerias, con sofocos... Y también llegaron descalzas, como carmelitas, ya que los zapatos, al correr, se les habían hundido en la nieve...

Dicho esto, podríamos llegar a la siguiente conclusión: con vacas como ésta ¿para qué temer a los toros y a las víboras? Pero no, lo que decimos es que, al lado de los toros y las víboras, las vacas son postes de la luz, incluidas las de peor catadura. Por no decir mansedumbres, que en realidad es lo que son, sin necesidad de ir a la India a sacralizarlas. En efecto, las vacas son nobles y buenas. Y dan leches (de tipos bien distintos) y carnes. Además, son trabajadoras infatigables y tienen un aspecto de bondadosa pesadez ¿Cómo van a dar miedo con esa pinta, a pesar de su cornamenta descomunal y más o menos desparramada?

No, miedo exactamente no dan. Acaso a veces dan risa...De hecho, yo me he reído mucho con la historia de mi mujer y mi hermana.

En cuanto a los toros, siempre me he admirado de que un solo macho pudiera cubrir a tantas hembras. ¿Doscientas, trescientas? Con días por delante, claro. El apareamiento es interesante de ver, especialmente cuando la vaca se encorva, porque ello quiere decir que ha llegado al orgasmo. Los toros son hermosos y fuertes. Eso sí, hay que mirarlos de lejos. Las víboras no me han hecho nunca reír...

¿Y la chica? La chica era buena, muy buena, casi óptima, casi pluscuamperfecta. Lo que pasa es que la declaración de sus miedos está un tanto sacada de contexto. De todos modos, hay que estar delante de una vaca en un callejón estrecho y con una difícil salida... ¿Te sitúas, Agustín? La inmensa mole que crece, los cuernos que se agigantan, las aguas que empiezan a fluir por los fondales...

Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios
Blog: http://paisajes.blogcindario.com

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¡El deseado y que nunca llegó, no es el Mesías, sino Agustin! Él nació en un pueblo de grandes futbolistas y músicos, pero allí no hay ni viboras, ni toros , ni vacas, pero sí chicas.

¿Sabéis a qué le teme, a las maletas?

Explicalo tú, Agustín.


Soy Agustín Zaragozá. Le temo a las malestas que pesan mucho, casi casi, como a las mujeres y a las vacas. Abrazos


Agustín, como buen amigo, ha hecho caso a mi llamada, ha dejado patente a lo que teme, sin mucha explicación,claro. Algún día se sabrá todo, tal vez, cuando el Foro se anime, porque volverán los rifirrafes, que a la postre, son la salsa de la vida.