sábado, 21 de octubre de 2006
Bosque de Tijeo, Velilla (La Carballeda zamorana)
Velilla. Bosque de Tijeo. Robles centenarios, algunos hasta seis veces. Maravillas de la madre Naturaleza y, en cierto modo, milagros vegetales, bellezas salvadas por la fortuna del esquilmo y del fuego ¿Qué pasaría si ardiera un día este bosque? Pues no sé, que podrían quemarse los gnomos ¿Los gnomos? No hay gnomos aquí. Pues entonces se asfixiarían los druidas ¿Y no les valdrían de nada los mejunjes, las pócimas, los brebajes, los ungüentos que ellos mismos preparan? No, sólo los salvaría la lluvia. En ese caso habrá requiem aeternam, porque, mire usted: “La lluvia es una cosa / que sin duda sucede en el pasado”, pero ya no llueve en España, porque el pasado es estéril como mula y agrietadamente seco. Yo creo, además, que los druidas no harán nada para rescatar de las llamas el futuro. Y sin pasado ni futuro cualquier presente es efímero, por más que sea deslumbrante y permanentemente hermoso, que lo es, y mucho ¡Fíjese! ¡Fíjese!
Un abrazo
Bosque de Tijeo, Velilla
El sitio de los robles quemados -un cementerio fantasmal cuyo futuro es la pinocha-, está en la raya que une (¿o separa?) las velillas de Justel y de Muelas. Allí se abre un camino hacia un valle frondoso que tiene nombre de dios: Tijeo. Pero no es un dios ¿Conformes? ¡Conformes! Un camino de ruedas que a menudo es invadido por el ramaje de los carrascos y de las urces y la feraz exuberancia de las escobas. Por él nos adentramos en un bosque de robles que sin duda es el más viejo de la comarca y también el más hermoso y espectacular. Lo cual no está reñido con la modestia ¿No es así, Josele? Yo soy Javier, Isidro, Josele se ha parado ahí atrás ¿Ah, sí? ¿Y qué hace? Fotografiar mariquitas. Dice que ha encontrado un filón. ¡Vaya! ¿Y qué va a hacer, entonces, cuando se tope con La lengua de las mariposas? No sé, otros se extasían con los tigres y entonces tiran bengalas ¿Y Alfonso? Alfonso se ha metido en un roble, que está quemado y hueco ¿Por qué? No sé, por gusto. ¡Toma! ¿Y se ha quedado a vivir? Parece que el ganado está loco, como las vacas ¿Y tú qué dices? Yo creo que así no llegaremos a ningún sitio; además, el camino que llevamos va a la parte de atrás de los Valgones, hasta cruzar el arroyo por encima de la pradera, donde está la presa del agua, de modo que va a hacernos cangrejos. “Tranquilo, Jordi”, que ahora viene un ramal ¿Sabes lo que es un ramal? Sí, un desvarío. Pues eso, cuando los carros andaban por los caminos, los caminos se llamaban roderas. Y ahora viene un ramal que, tomado oportunamente, orientará nuestros pasos hacia arriba, que es nuestro destino como españoles ¿Comprendes? Arriba España. Aunque, claro, sabes lo que pasa con los ramales, ¿no? Que llegan donde llegan. Y después se ahorcan los perros, si saltan, cuando están del otro lado de la pared. Porque son cortos. Los ramales, digo ¿Cómo dirigir a una mula, por ejemplo, si el ramal es corto?
Los ramales-camino son roderas menores, que llegan hasta aquí, hermanos, Donde da la vuelta el aire. Y éste nos deja de bruces en el monte, con María del ídem, “a la sombra de los pinos”. ¿No eran robles, Gil? Son robles, Piquer, es que se me ha ido la olla, que ya es mucho más vaca que Carnero, en su Verano Inglés. Donde el camino se acaba, la maleza es realmente maleza ¿Por qué se llama así, tan acertadamente? Habrá que preguntarle al oráculo ¿Por qué, oráculo de Delfos, “los domingos por el fútbol me abandonas”? Brezos y chaguazos, escobas y carqueisas, codesos y cherlices... Genistas, retamas ¿No son plantas de Dios? ¿No son bendiciones para la vista? Para la vista, sí, pero ahora se trata de los pies, que sufren cuanto huelen. Bueno, también azotan los ojos, si se descuidan ¿No hay remedio, entonces? Sí, los madrileños le piden permiso al Manzanares ¿Para qué? Para pasar para París. Haz tú lo mismo. Y pasa, rasguño más o menos... ¿Sabes qué? Que si los robles fueran eucaliptos, la maleza sería una ausencia absoluta, como algunos presidentes de Gobierno en la Cámara de los Diputados. Claro, y si el mar nos llegara por las rodillas, los barcos navegarían por el canalillo de los escotes ¿A ti te gusta escotar, capullo? ¿O prefieres que lo echemos a suertes? Mata, matojo, matorral, bush en el idioma de Whitman ¿Por qué va a ser sólo de Shakespeare? La paja larga gana. Lo peor de los matorrales no es el acribillamiento de las canillas, lo peor es que te llegan al rostro como exhalaciones, sin saber cómo ni cuándo ¿Cuándo paramos a descansar? Pregunto. Cuando el ruido de las tripas coincida con el tamaño de los sudores, porque entonces habrá un claro en el bosque, junto al río. ¿Has visto esto, Fernando? Agáchate, mira, un arco de arbustos sobre el agua. Sin final, espléndido, maravilloso. Y corriente ¿Qué? Me refiero al agua. Yo prefiero los troncos, los árboles caídos, resecos, mimetizados con las pedrizas ¿Has visto el tamaño de los robles? Sí, lo he visto, pero, oye... ¿Nadie va a sacar el chorizo? Dame un trago, ¿quieres? Mira ese acebo, María Jesús ¿Sabes por qué no tiene pinchos en las hojas más altas? Porque ahí no se las pelan los animales. Antes pelábamos el tronco de los acebos, para hacer liga. Pobres pájaros, Hitchcock. Luego pelábamos la pava, pero ya no había liga en los alrededores. Sólo había un peligro de cercanías, ahí no, más alto, más lejos, más arriba, a 23 pasos de Baker Street, en la completa oscuridad, “pase, señor Evans”, con el yugo y las flechas del amor. A veces con un agujero en las bragas ¡Qué asco!
- Una mala experiencia, ¿eh? –preguntó Antonio.
- Y tanto –concedió Isidro- Aquello era el Forau de Aiguallut, donde se meten las aguas de la Renclusa. Además, mis dedos eran huéspedes inocentes que habían sido inducidos por la curiosidad. De hecho, yo era una flor en proyecto... Me lavé las manos hasta el dolor, ya hundido en la noche.
- ¿Dónde está el Forau de Aiguallut?
- ¡Coño! Está bien claro, ¿no? Al lado del Aneto...
Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios
Blog: http://paisajes.blogcindario.com
Del libro “Aguablanca: caminos de ida y vuelta”
Un abrazo
Bosque de Tijeo, Velilla
El sitio de los robles quemados -un cementerio fantasmal cuyo futuro es la pinocha-, está en la raya que une (¿o separa?) las velillas de Justel y de Muelas. Allí se abre un camino hacia un valle frondoso que tiene nombre de dios: Tijeo. Pero no es un dios ¿Conformes? ¡Conformes! Un camino de ruedas que a menudo es invadido por el ramaje de los carrascos y de las urces y la feraz exuberancia de las escobas. Por él nos adentramos en un bosque de robles que sin duda es el más viejo de la comarca y también el más hermoso y espectacular. Lo cual no está reñido con la modestia ¿No es así, Josele? Yo soy Javier, Isidro, Josele se ha parado ahí atrás ¿Ah, sí? ¿Y qué hace? Fotografiar mariquitas. Dice que ha encontrado un filón. ¡Vaya! ¿Y qué va a hacer, entonces, cuando se tope con La lengua de las mariposas? No sé, otros se extasían con los tigres y entonces tiran bengalas ¿Y Alfonso? Alfonso se ha metido en un roble, que está quemado y hueco ¿Por qué? No sé, por gusto. ¡Toma! ¿Y se ha quedado a vivir? Parece que el ganado está loco, como las vacas ¿Y tú qué dices? Yo creo que así no llegaremos a ningún sitio; además, el camino que llevamos va a la parte de atrás de los Valgones, hasta cruzar el arroyo por encima de la pradera, donde está la presa del agua, de modo que va a hacernos cangrejos. “Tranquilo, Jordi”, que ahora viene un ramal ¿Sabes lo que es un ramal? Sí, un desvarío. Pues eso, cuando los carros andaban por los caminos, los caminos se llamaban roderas. Y ahora viene un ramal que, tomado oportunamente, orientará nuestros pasos hacia arriba, que es nuestro destino como españoles ¿Comprendes? Arriba España. Aunque, claro, sabes lo que pasa con los ramales, ¿no? Que llegan donde llegan. Y después se ahorcan los perros, si saltan, cuando están del otro lado de la pared. Porque son cortos. Los ramales, digo ¿Cómo dirigir a una mula, por ejemplo, si el ramal es corto?
Los ramales-camino son roderas menores, que llegan hasta aquí, hermanos, Donde da la vuelta el aire. Y éste nos deja de bruces en el monte, con María del ídem, “a la sombra de los pinos”. ¿No eran robles, Gil? Son robles, Piquer, es que se me ha ido la olla, que ya es mucho más vaca que Carnero, en su Verano Inglés. Donde el camino se acaba, la maleza es realmente maleza ¿Por qué se llama así, tan acertadamente? Habrá que preguntarle al oráculo ¿Por qué, oráculo de Delfos, “los domingos por el fútbol me abandonas”? Brezos y chaguazos, escobas y carqueisas, codesos y cherlices... Genistas, retamas ¿No son plantas de Dios? ¿No son bendiciones para la vista? Para la vista, sí, pero ahora se trata de los pies, que sufren cuanto huelen. Bueno, también azotan los ojos, si se descuidan ¿No hay remedio, entonces? Sí, los madrileños le piden permiso al Manzanares ¿Para qué? Para pasar para París. Haz tú lo mismo. Y pasa, rasguño más o menos... ¿Sabes qué? Que si los robles fueran eucaliptos, la maleza sería una ausencia absoluta, como algunos presidentes de Gobierno en la Cámara de los Diputados. Claro, y si el mar nos llegara por las rodillas, los barcos navegarían por el canalillo de los escotes ¿A ti te gusta escotar, capullo? ¿O prefieres que lo echemos a suertes? Mata, matojo, matorral, bush en el idioma de Whitman ¿Por qué va a ser sólo de Shakespeare? La paja larga gana. Lo peor de los matorrales no es el acribillamiento de las canillas, lo peor es que te llegan al rostro como exhalaciones, sin saber cómo ni cuándo ¿Cuándo paramos a descansar? Pregunto. Cuando el ruido de las tripas coincida con el tamaño de los sudores, porque entonces habrá un claro en el bosque, junto al río. ¿Has visto esto, Fernando? Agáchate, mira, un arco de arbustos sobre el agua. Sin final, espléndido, maravilloso. Y corriente ¿Qué? Me refiero al agua. Yo prefiero los troncos, los árboles caídos, resecos, mimetizados con las pedrizas ¿Has visto el tamaño de los robles? Sí, lo he visto, pero, oye... ¿Nadie va a sacar el chorizo? Dame un trago, ¿quieres? Mira ese acebo, María Jesús ¿Sabes por qué no tiene pinchos en las hojas más altas? Porque ahí no se las pelan los animales. Antes pelábamos el tronco de los acebos, para hacer liga. Pobres pájaros, Hitchcock. Luego pelábamos la pava, pero ya no había liga en los alrededores. Sólo había un peligro de cercanías, ahí no, más alto, más lejos, más arriba, a 23 pasos de Baker Street, en la completa oscuridad, “pase, señor Evans”, con el yugo y las flechas del amor. A veces con un agujero en las bragas ¡Qué asco!
- Una mala experiencia, ¿eh? –preguntó Antonio.
- Y tanto –concedió Isidro- Aquello era el Forau de Aiguallut, donde se meten las aguas de la Renclusa. Además, mis dedos eran huéspedes inocentes que habían sido inducidos por la curiosidad. De hecho, yo era una flor en proyecto... Me lavé las manos hasta el dolor, ya hundido en la noche.
- ¿Dónde está el Forau de Aiguallut?
- ¡Coño! Está bien claro, ¿no? Al lado del Aneto...
Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios
Blog: http://paisajes.blogcindario.com
Del libro “Aguablanca: caminos de ida y vuelta”

