viernes, 29 de septiembre de 2006
El rictus, otra forma del éxito
El rictus, otra forma del éxito
Hace muchos años, en los albores de mi iniciación profesional, conocí a alguien que, desde su modestia económica, luchaba para abrirse un camino en la vida. Lo que pasa es que en el campo de la promoción inmobiliaria, que era el suyo, casi todos los caminos conducen a la Roma del inminente beneficio antes que a la Arcadia de la profesionalidad o la satisfacción por el trabajo bien hecho.
Tengo que decir que sus beneficios han sido tan grandes que le han llevado a un absoluto reconocimiento social, es decir, al éxito.
Y ahora, paseando la mirada por encima de un rebaño de aduladores, va por la vida con una marcha pausada y autocomplaciente que le ha dejado en la cara el gesto grandioso de la suficiencia, constriñéndole, de forma lastimosa, a la pobre condición de un señor con dinero. Sólo con dinero. Lo que no tendría una importancia excesiva si no fuera porque una gran parte de los jóvenes de nuestra sociedad aspira exactamente a lo mismo.
EL RICTUS
Percibo que los hombres
se inclinan ante ti, como si fueras
la tabla de su salvación,
un dios visualizable
que se ha elevado al trono
de los honores: ese cielo
de estrellas al alcance
presunto de la mano.
En fin, las torres levantadas
donde se erguían antes los almendros,
y, sobre todo, los afectos
colaterales, derivados
de su comercialización,
te han hecho acreedor
de estas ofrendas populosas
con venales inclinaciones
de la cerviz.
Y nada hay que objetar, si prescindimos
de la especulación,
a la que tú, por exigencias
del guión y de los mercados,
te has entregado en cuerpo y en espíritu.
Pero quizás debas saber
que, como todo lo que hacemos
en este breve tránsito
de lunas, que es la vida,
termina modelándonos
a su desnuda semejanza,
se te ha puesto un semblante
de lobo santurrón, en cuyos ojos
se matiza la luz hasta volverse
placidez y benevolencia.
Que viene a ser un rictus
de mimetización
con los valores fatuos de la pompa.
Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios
Del libro A este lado del Paraíso
Hace muchos años, en los albores de mi iniciación profesional, conocí a alguien que, desde su modestia económica, luchaba para abrirse un camino en la vida. Lo que pasa es que en el campo de la promoción inmobiliaria, que era el suyo, casi todos los caminos conducen a la Roma del inminente beneficio antes que a la Arcadia de la profesionalidad o la satisfacción por el trabajo bien hecho.
Tengo que decir que sus beneficios han sido tan grandes que le han llevado a un absoluto reconocimiento social, es decir, al éxito.
Y ahora, paseando la mirada por encima de un rebaño de aduladores, va por la vida con una marcha pausada y autocomplaciente que le ha dejado en la cara el gesto grandioso de la suficiencia, constriñéndole, de forma lastimosa, a la pobre condición de un señor con dinero. Sólo con dinero. Lo que no tendría una importancia excesiva si no fuera porque una gran parte de los jóvenes de nuestra sociedad aspira exactamente a lo mismo.
EL RICTUS
Percibo que los hombres
se inclinan ante ti, como si fueras
la tabla de su salvación,
un dios visualizable
que se ha elevado al trono
de los honores: ese cielo
de estrellas al alcance
presunto de la mano.
En fin, las torres levantadas
donde se erguían antes los almendros,
y, sobre todo, los afectos
colaterales, derivados
de su comercialización,
te han hecho acreedor
de estas ofrendas populosas
con venales inclinaciones
de la cerviz.
Y nada hay que objetar, si prescindimos
de la especulación,
a la que tú, por exigencias
del guión y de los mercados,
te has entregado en cuerpo y en espíritu.
Pero quizás debas saber
que, como todo lo que hacemos
en este breve tránsito
de lunas, que es la vida,
termina modelándonos
a su desnuda semejanza,
se te ha puesto un semblante
de lobo santurrón, en cuyos ojos
se matiza la luz hasta volverse
placidez y benevolencia.
Que viene a ser un rictus
de mimetización
con los valores fatuos de la pompa.
Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios
Del libro A este lado del Paraíso

