domingo, 24 de septiembre de 2006
El método de la falsación y el proceso de paz
El método de la falsación y el proceso de paz
Hubo un tiempo, acaso demasiado, en que el método inductivo era considerado como el único método científico verdadero en la ciencia empírica. Consistía en lanzar una hipótesis y luego buscarle una serie de casos que la apoyaran, no sólo eligiéndolos ad hoc, sino incluso adaptándolos permanentemente, que es una forma de falsearlos. Estaba en juego el prestigio del autor y, a menudo, la pervivencia de sus defensores.
Karl Popper, entre otras muchas cosas, vino a decir que eso era hacer trampas y creó la teoría de la falsación, que consiste en la aplicación de un método deductivo mediante el cual el autor de la teoría busca demostrar su falsedad, lo que permite la evolución del conocimiento.
Es decir, el criterio de la falsación es permanentemente crítico y preserva la objetividad y la honestidad del científico. El método inductivo, por el contrario, propende al dogma. Los ejemplos que pone Popper de uno y otro caso son, entre otros y respectivamente, Einstein y Marx.
El punto de partida de este método fue expresado por Popper en el siguiente enunciado: “La perspectiva errónea de la ciencia se descubre por su avidez de ser verdadera”.
A Popper, como a tantos otros filósofos, consciente o inconscientemente, lo utilizan los políticos a su conveniencia. A veces, incluso, parece que alíe con ellos la casualidad. Y hasta puede que sea el propio caso el que sale a buscar a sus protagonistas ¿Estaremos profanando la ciencia? No es esa nuestra intención, desde luego, pero veamos.
En mal el llamado “proceso de paz”, que parte del “alto el fuego permanente” declarado por Eta y sigue con la condición aprobada en el Congreso de los Diputados de que “Eta deje de actuar”, el Gobierno y el PSOE están practicando un descarado método inductivo, que, al objeto de que se cumpla la referida condición, les obliga a ir poniendo parches allí donde los terroristas hacen continuos agujeros: extorsión a los empresarios para resolver la financiación de la banda, atentados sin sangre pero con daños materiales de diversa consideración, estropicio del mobiliario urbano, quema de autobuses, cajeros y contenedores...
El PP, por su lado, estaría aplicando el método deductivo mediante la teoría de la falsación. Y, para ello, se ocupan constantemente de resaltar los casos de extorsión, los atentados sin sangre y el terrorismo callejero, por los que la condición impuesta por el Congreso no se cumple. Hay fundadas sospechas, sin embargo, de que están aplicando dicho método no para tratar de evitar los futuros casos de incumplimiento y hacer que finalmente se cumpla la condición exigida, sino sencillamente para impedir que ésta se llegue a cumplir ¿Cómo? Mediante la interrupción del proceso.
Es evidente que los métodos fallan porque, en uno y otro caso, las miradas están puestas en los resultados electorales, cada cual en los suyos. Si estuvieran donde tienen que estar, que es en el bien común, frente a Eta habría una sola postura. Todo lo discutida y consensuada que se quiera, pero una sola postura.
Y una vez adoptada, el método a seguir en la verificación del proceso debería ser el de la falsación, por supuesto, pero aplicado con objetividad y honestidad y encaminado a hacer cumplir la mayor (que es que Eta no actúe), de tal modo que un día pudiera llegar a decirse: “Eta ha dejado de actuar”. No cabe duda de que lo más deseable de todo sería poder añadir a continuación: “el alto el fuego es definitivo”. Por desear que no quede.
Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios
Hubo un tiempo, acaso demasiado, en que el método inductivo era considerado como el único método científico verdadero en la ciencia empírica. Consistía en lanzar una hipótesis y luego buscarle una serie de casos que la apoyaran, no sólo eligiéndolos ad hoc, sino incluso adaptándolos permanentemente, que es una forma de falsearlos. Estaba en juego el prestigio del autor y, a menudo, la pervivencia de sus defensores.
Karl Popper, entre otras muchas cosas, vino a decir que eso era hacer trampas y creó la teoría de la falsación, que consiste en la aplicación de un método deductivo mediante el cual el autor de la teoría busca demostrar su falsedad, lo que permite la evolución del conocimiento.
Es decir, el criterio de la falsación es permanentemente crítico y preserva la objetividad y la honestidad del científico. El método inductivo, por el contrario, propende al dogma. Los ejemplos que pone Popper de uno y otro caso son, entre otros y respectivamente, Einstein y Marx.
El punto de partida de este método fue expresado por Popper en el siguiente enunciado: “La perspectiva errónea de la ciencia se descubre por su avidez de ser verdadera”.
A Popper, como a tantos otros filósofos, consciente o inconscientemente, lo utilizan los políticos a su conveniencia. A veces, incluso, parece que alíe con ellos la casualidad. Y hasta puede que sea el propio caso el que sale a buscar a sus protagonistas ¿Estaremos profanando la ciencia? No es esa nuestra intención, desde luego, pero veamos.
En mal el llamado “proceso de paz”, que parte del “alto el fuego permanente” declarado por Eta y sigue con la condición aprobada en el Congreso de los Diputados de que “Eta deje de actuar”, el Gobierno y el PSOE están practicando un descarado método inductivo, que, al objeto de que se cumpla la referida condición, les obliga a ir poniendo parches allí donde los terroristas hacen continuos agujeros: extorsión a los empresarios para resolver la financiación de la banda, atentados sin sangre pero con daños materiales de diversa consideración, estropicio del mobiliario urbano, quema de autobuses, cajeros y contenedores...
El PP, por su lado, estaría aplicando el método deductivo mediante la teoría de la falsación. Y, para ello, se ocupan constantemente de resaltar los casos de extorsión, los atentados sin sangre y el terrorismo callejero, por los que la condición impuesta por el Congreso no se cumple. Hay fundadas sospechas, sin embargo, de que están aplicando dicho método no para tratar de evitar los futuros casos de incumplimiento y hacer que finalmente se cumpla la condición exigida, sino sencillamente para impedir que ésta se llegue a cumplir ¿Cómo? Mediante la interrupción del proceso.
Es evidente que los métodos fallan porque, en uno y otro caso, las miradas están puestas en los resultados electorales, cada cual en los suyos. Si estuvieran donde tienen que estar, que es en el bien común, frente a Eta habría una sola postura. Todo lo discutida y consensuada que se quiera, pero una sola postura.
Y una vez adoptada, el método a seguir en la verificación del proceso debería ser el de la falsación, por supuesto, pero aplicado con objetividad y honestidad y encaminado a hacer cumplir la mayor (que es que Eta no actúe), de tal modo que un día pudiera llegar a decirse: “Eta ha dejado de actuar”. No cabe duda de que lo más deseable de todo sería poder añadir a continuación: “el alto el fuego es definitivo”. Por desear que no quede.
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