Mi?rcoles, 19 de julio de 2006
Pr?logo y peque?a selecci?n de poemas

Queridos amigos:

Estamos a dos d?as de la Presentaci?n de Amores colaterales, en el Hogar del Pensionista de Villajoyosa. A todos aquellos que, por una causa o por otra, no puedan estar con nosotros, les ofrezco la lectura del magn?fico pr?logo del libro, escrito por el Doctor en Filolog?a ?ngel Lu?s Prieto de Paula, as? como una peque?a selecci?n de poemas.

Un abrazo


P?RTICO


Una palabra como ?amor?, encorvada bajo el peso casi insoportable de su tradici?n literaria y no literaria, se compadece poco con el adjetivo ?colateral?. ?Pues no es el amor un sentimiento que arrasa, abrasa, abruma, emborracha, anega, destroza, redime, nos eleva al s?ptimo cielo o nos arrastra a las zonas abisales donde el sufrimiento ya no puede ser dicho? Si el amor es verdaderamente amor, ?c?mo puede, entonces, ser colateral? Colateral; o sea: tangente o secundario, adventicio, circunstancial, accesorio. Cierto que el amor usa de las paradojas para expresarse, y tambi?n de su pizca ?o su monta?a? de exageraci?n. Basta leer a cualquiera de los poetas amorosos (en el caso de que exista alg?n poeta que no sea poeta del amor). As?, a Lope el amor le provoca efectos contrarios: ?Desmayarse, atreverse, estar furioso, / ?spero, tierno, liberal, esquivo?..., y a?n m?s, y m?s parad?jicamente: ?leal, traidor?, ?difunto, vivo?. Quien lo prob? lo sabe. Cuando ?ramos adolescentes prometimos muchas veces, y a receptores distintos, un amor eterno que, al cabo de los d?as, descubrimos que s?lo nos hab?a durado hasta el jueves, o hasta febrero, o hasta el siguiente amor eterno, s?lo que entonces no lo sab?amos. ?A las palabras de amor / les sienta bien su poquito / de exageraci?n?, escribi? Antonio Machado con su punta de sorna. Pero cuando Mariano Estrada titula un libro de poemas Amores colaterales parece estar llevando la contraria a la habitual hip?rbole amorosa. Estas palabras de amor, las de los poemas de Mariano Estrada, parecen aceptar la condici?n fungible de la experiencia amorosa, su sometimiento al desgaste de las emociones, y, consiguientemente, su ret?rica menor, como hecha para disolverse en el tiempo. Claro que la paradoja lo es menos cuando nos percatamos de que aqu? no se habla tanto de ?amor? como de ?amores?: un plural que, lejos de aumentar la intensidad sem?ntica, la disminuye o empeque?ece. El amor, nos dec?an (?o lo dec?amos nosotros en momentos de inflamaci?n pat?tica?), es un sentimiento que se multiplica cuando se divide; o, m?s claramente, que se agranda cuando se reparte. Y, al contrario (ni yo mismo s?, a estas alturas, si me sigo), se divide cuando se multiplica; o se hace m?s peque?o cuando se dice en plural.

He aqu? un libro de amores peque?os: de esos que nacieron un d?a, y se deshicieron sin que ninguna hecatombe viniera a ponerles t?rmino; o de los que crecieron a las orillas de ese otro amor ?verdadero?, el amor en que se juntan, por decirlo con palabras de Plat?n que mucho despu?s usar?a Gil de Biedma, la Afrodita Pand?mica y la Afrodita Celeste, la diosa de los amores sensuales y la del amor uno, idea pura y sublime del amor en que se miran, como en un dechado inalcanzable, los amores de a diario. En este libro se re?nen todos esos amores, los que se acabaron cuando estaban en agraz, los que prometieron mucho m?s de lo que dieron, los que se imaginan a sabiendas de que nunca cobrar?n cuerpo, los que no pudieron ser, o los que ya no podr?n ser, porque los amores, como las horas, est?n contados (y el poeta, a estas alturas de su vida, lo sabe muy bien). Cada poema remite a una historia que apenas deja en ?l algunos detalles que permiten una leve reconstrucci?n biogr?fica. Hablaba Unamuno de sus ?yos ex futuros?: las diferentes proyecciones biogr?ficas en un momento temporal dado, que fueron cercenadas, antes de cuajar, por otras decisiones, por otras instancias vitales. Mariano Estrada ha reunido en Amores colaterales una buena sarta de estas historias truncas o s?lo esbozadas. El resultado para el lector es, antes que otra cosa, la melancol?a. La vida aparece as? como una saga de p?rdidas: sue?os de los que despertamos, proyectos que no prosperaron, todo lo que qued? en las vertientes de la existencia que nos toc? efectivamente vivir.

La poes?a de Mariano Estrada, ya dilatada en versos y en libros, ha tocado numerosas cuerdas: la popular y costumbrista (?qu? s?lido poeta costumbrista Mariano Estrada!), que nos trae los recuerdos de un pasado de privaciones y de una infancia rural; la amorosa (y no hablo ahora de amores colaterales, sino de un amor nuclear, situado soberanamente en el centro de la existencia); la paisaj?stica, que se fija tanto en las fr?as tierras del norte castellano, donde viera el poeta su ser, como en las de la calcinaci?n solar mediterr?nea... En este nuevo libro nos deja Mariano constancia de una vida vers?til y de una po?tica que se pone al servicio de historias menudas, sentimientos verdaderos aunque sin el empaque de las pasiones turbulentas, escorzos de la emoci?n, jirones de la cotidianidad. Todo ello nos permite, al socaire de los amores colaterales, ver el bulto humano del poeta: un hombre de carne y hueso dedicado a convertir la vida en verso. Quiz? lo de sus amores colaterales sea un modo personal de despojar al sentimiento amoroso de toda la faramalla palabrera y la quincalla ret?rica con que suele venir adobado. Como si el amor de verdad s?lo pudiera salvarse de esa anegaci?n poni?ndose en el rinc?n en que se hacinan los enseres inservibles y las vivencias marginales. Mariano Estrada controla la m?sica del verso, el fraseo sucesivo en que el poema se desarrolla, la imaginer?a en que se traducen las emociones. Dicho lo dicho, parece innecesario que este prologuista empuje al lector al paladeo de los versos de Amores colaterales, de estos fragmentos de una vida en la que le resultar? f?cil reconocerse.

?ngel L. Prieto de Paula




AMORES COLATERALES

Peque?a selecci?n de poemas

1

?QUI?N ERES?

Me ha llegado tu cuerpo
como liberaci?n,
y no sent? ninguna
necesidad
de preguntar qui?n eras.

?Qui?n eres? Te pregunto ahora,
desde esta plenitud no sospechada?
?Qui?n eres, que me llenas
de calma, como antes
me llenaste de fantas?a?

?Qui?n eres que al amarte
me he visto humanizado,
generoso, capaz, enaltecido?

?Por qu? me das tus flores
de primavera,
si mi mal es de oto?o decadente?


2

LO ESENCIAL

Hoy te quiero decir que ni el roc?o
fugaz de la ma?ana, ni la sombra
del tilo al mediod?a,
ni el reflejo del mar
bajo la luna blanca de la noche,
se han interpuesto en el camino
que me lleva hacia ti.

Nada me ha distra?do de tus ojos
luminiscentes, de tus labios
mojados y entreabiertos,
de tu pecho agitado por las altas
turbulencias del coraz?n.

Esta es la hora, esto lo esencial.
Hoy discurre mi sangre
por arterias que van hacia tus besos.


3

NO QUIERO OLVIDARTE

?Olvidarte? Se nota
que no has tenido dentro
el coraz?n de otro.
?Despertar con el d?a
y no pensar en ti? No puedo.
?Abstraerme del hambre
cuando el hambre es arteria
de la necesidad? Tampoco.
?Abstraerme del mar,
teniendo el mar de frente?

?Qu? quieres, redimirme
de un sentimiento tan profundo
que me estremece y me estimula,
tan vivo que tu indiferencia
no ha logrado matar?

Es verdad que tus besos
se me han puesto muy altos, pero...
?C?mo podr?a yo vivir
renunciando del todo a la esperanza?



4

SABUDUR?A

Para Mar, porque
ella sabe qu? hacer con un poema


Comparto tu opini?n
sobre ciertas materias generales:
la libertad, la ciencia, la pol?tica...

Pero a?n no he podido compartir
tu excitante materia personal, esa fuente
donde est? la mayor sabidur?a
que uno puede tener,
la de los largos
abrazos que conducen
a las lentas caricias que conducen
a los hondos conocimientos.

Las dem?s, incluidas
las tesis doctorales y las t?cnicas
que innovan la investigaci?n,
son meras herramientas
para poder ganarse el pan, tratando
de huir de los sudores.

Comparto tu opini?n sobre materias
que a todos nos conciernen
y quiero compartir el calendario
de tus noches y de tus d?as,
adosando mi coraz?n a cada
uno de tus instantes
porque la vida empieza, de verdad,
donde te siento yo cuando me rozas.



5

PASI?N

Te quiero pasional hasta el delirio,
hasta que el ?ltimo
resuello de la bestia
se vuelva resignada mansedumbre.

As?, consciente de que
el l?mite del fuego es un rescoldo
donde ya no hay pasi?n sino ternura
en estado de gran felicidad,
me instalo en las caricias y deseo
que no se acabe nunca el magnetismo
de este fuego sin llama.

Y te cubro de seda hasta que
el peso de mis manos
estimule los potros de tu piel
y de nuevo la bestia nos exalte.

Y nada m?s, amar...

Amar hasta el desmayo,
hasta la muerte lenta del deseo,
hasta vaciar el coraz?n
del inclemente peso de la sangre...


Mariano Estrada
Del libro ?Amores colaterales?
Publicado por Mariano.Estrada @ 2:54
Comentarios (6)  | Enviar
Comentarios
Publicado por Invitado
Viernes, 29 de agosto de 2008 | 0:37
se?or quien seas pon el autor de quien invento el poema.
Publicado por Arturo Cordero
Viernes, 01 de mayo de 2009 | 22:04
Muy hermoso,creativo y audaz, le felicito, escribe de manera satisfactoria, desde mi querido El Salvador un fraternal abrazo.
Publicado por Invitado
Martes, 20 de octubre de 2009 | 6:38
me gusto y me sirvio demaciado gracias!
Publicado por Invitado
Jueves, 10 de noviembre de 2011 | 0:15

no me gustan sus prologos porque son muy mamones y son putos quien los escribe

Publicado por Invitado
Mi?rcoles, 07 de diciembre de 2011 | 2:04

no pues esta bien :) 

Publicado por Invitado
Martes, 22 de mayo de 2012 | 3:44

Buen Prólogo, Felicidades es de mucha utilidad