miércoles, 24 de mayo de 2006
Vivir en vilo
Vivir en vilo o
La seguridad en el candelabro
Mientras Rubalcaba decide rubalcabar el nº de agentes que necesita el área ¿El área? ¿Qué área? Pero si el área es España entera, en su totalité, del hocico al rabo ¿O también aquí cuenta sólo el área nacionalista? Mientras se lo piensan, digo, yo cuelgo la única experiencia que tuve, que, como algunos ya saben, ocurrió cuando los cacos tenían aún un código deontológico, en el que las personas eran intocables y sólo las cosas eran susceptibles de tocamiento, modificación, alteración, cambio de lugar y de manos.
Ahora se lían a hostias con los inquilinos hasta que les dicen el lugar exacto en el que tienen la caja fuerte. Y si no la tienen, más vale que llamen a un amigo albañil, para que se la haga en un par de minutos, y a un empleado del Banco para que le acerque dos o tres mil euros, siguiendo los consejos de la mismísima policía. Vamos, lo que se llama ponérselo a huevo ¿Y para esto hace falta un Centro de Inteligencia?
Un abrazo
La noticia
Zapatero anuncia la creación de un Centro de Inteligencia contra el Crimen Organizado
El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, anunció hoy en el pleno del Senado la creación de un Centro de Inteligencia contra el Crimen Organizado y dijo que el Ejecutivo es plenamente consciente de que, tras el terrorismo, este tipo de delincuencia es el riesgo mayor para la seguridad. Así lo indicó hoy Rodríguez Zapatero en respuesta a una pregunta del senador de CiU Pere Macias i Arau sobre las medidas que tiene previstas el Gobierno ante los robos de chalés en urbanizaciones de la costa mediterránea. El jefe del Ejecutivo indicó que la criminalidad organizada exige "una respuesta contundente" para poner todos los medios necesarios a disposición de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado.
…
No obstante, indicó que ante la situación de asaltos en chalés de Tarragona y el sur de Barcelona, el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, mantuvo ayer una reunión con diputados y alcaldes catalanes y se comprometió a incrementar de forma sustancial el despliegue de la Guardia Civil en todo el área.
La crónica...
EL ROBOBO DE LA CACASA.
Noche del viernes día 10 de septiembre. Eran las dos y pico de la mañana en el silencio del Montiboli, que es realmente rotundo. Rosa, mi mujer, se había dormido en el sofá de la salita, con la tele encendida. Yo estaba absorto en un artículo del que fui sacado con brusquedad por unos ruidos sorprendentes y resquebrajados “¡Eh, eh! ¿Qué pasa?” Rosa estaba temblando “¿Qué pasa?” “No sé”. Salí al jardín. Vi una sombra “¿Un hombre o una sombra?” Una sombra. Una sombra fugaz corriendo sobre el muro medianero, justo por detrás de la piscina. Sonaba una alarma ¿La mía? No, la del vecino. Me dirijo al porche “¿Qué es eso?” Me dice Rosa desde el temblor de la salita. “Un cepillo” “No, no, eso”. Eran trozos de plástico. Con el cepillo de la piscina, habían roto la caja de la alarma, donde Prosegur tiene metida la sirena. Para que cante, como los pájaros.
Entro en casa, voy hacia el teléfono (mi casa, teléfono... ¿recuerdan?), llamo a la policía. “Bien, vamos p,allá”. Cinco minutos después llegaba un coche de la Guardia Civil, deteniéndose en la casa de mi vecino que, alarmantemente, tenía la puerta abierta. “¿Han entrado?” La alarma no paraba de sonar. Me acerco, me preguntan, me dicen, les digo. Uno de los guardias salta la valla intrépidamente, tanto que se rompe el pantalón. “No importa”.Abre la cancela. Suben. Llegan a la puerta principal. “Guardia Civil, ¿hay alguien?”. Penetran en la casa, el que va detrás lo hace como en las películas, cubriéndole al otro las espaldas, la pistola a dos manos, las rodillas dobladas, mirando alternativamente a los lados. El otro es el que pone la voz “¿Hay alguien?” No hay nadie. Lleva una linterna en la mano. Salen. Llegan más agentes ¿Más agentes o más números?. “Vosotros id por detrás” dice uno de ellos. Y dirigiéndose a mí: “Vamos a pegar una batida. Usted váyase, Sr. Estrada, llame a su vecino”. El hombre estaba empapado de sudor... De pronto, las parcelas colindantes se llenaron de linternas que cruzaban en la noche unas nerviosas luces, como los rayos láser de las discotecas. “¿Algo por ahí?”. Nada se movía en el entorno, sino la imperceptible brisa de la noche. Eso, y algún que otro vecino, que se asomó a la calle en pijama... “¿Qué ha pasado”?, preguntó desperezándose un bostezo (Un bostezo desperezándose es lo más parecido a un vecino en pijama).
Vuelvo a casa. Recibo una llamada de Prosegur, me explica, les explico, nos explicamos. A Pere, mi vecino, finalmente lo localizaron. Había salido a cenar con su mujer y unos amigos. Llega, escucha, mira, encuentra una parte del botín, envuelta en una sábana ¿Un convoluto? No, un envoltorio. Algunos objetos por el suelo, una impresora, un ordenador. Le llaman. Acaba de llegar. No sabe. Su mujer no quiere venir, él está tranquilo. Aún hay en la casa dos agentes de la Guardia Civil, jóvenes, dispuestos, serviciales. “¿De dónde es usted?” Pregunto “De Coruña ¿Por qué?” “No, por el acento”. Nada pueden hacer, sino coger un aparato donde, a buena vista, parece que hay huellas dactilares. “Mañana presenten la denuncia”. Mañana es hoy, y hoy, en el borde de mi piscina había un teléfono móvil y, reposando en su fondo, un ordenador portátil que, al sacarlo, chorreaba toda su agua de indiferencia... Eran los restos de un botín que los cacos habían soltado en la fuga. “Corre, corre, conejo”...
Rosa se acostó, yo me quedé en el ordenador, con el artículo, pero ya no hubo forma de terminarlo. Eran las cuatro y pico cuando me dejé caer en la cama, donde Rosa dormía a pierna suelta. Había vuelto a la seguridad. Yo me dormí pensando que, tal como andan las cosas, es importante tenerla resuelta. La seguridad, digo. Precaución, impedimentos, alarma, policía... Los agentes no pillaron a los cacos, pero se presentaron a tiempo en el lugar de los hechos, hicieron su trabajo como debían y nos dieron la sensación de que querían ser eficaces. Escribo esto hoy, sábado 11 de septiembre, después de haber presentado la correspondiente denuncia.
Mariano Estrada
Mariano Estrada, 11-09-2004
Nota: la denuncia es un requisito indispensable para que el seguro te abone los desperfectos.
La seguridad en el candelabro
Mientras Rubalcaba decide rubalcabar el nº de agentes que necesita el área ¿El área? ¿Qué área? Pero si el área es España entera, en su totalité, del hocico al rabo ¿O también aquí cuenta sólo el área nacionalista? Mientras se lo piensan, digo, yo cuelgo la única experiencia que tuve, que, como algunos ya saben, ocurrió cuando los cacos tenían aún un código deontológico, en el que las personas eran intocables y sólo las cosas eran susceptibles de tocamiento, modificación, alteración, cambio de lugar y de manos.
Ahora se lían a hostias con los inquilinos hasta que les dicen el lugar exacto en el que tienen la caja fuerte. Y si no la tienen, más vale que llamen a un amigo albañil, para que se la haga en un par de minutos, y a un empleado del Banco para que le acerque dos o tres mil euros, siguiendo los consejos de la mismísima policía. Vamos, lo que se llama ponérselo a huevo ¿Y para esto hace falta un Centro de Inteligencia?
Un abrazo
La noticia
Zapatero anuncia la creación de un Centro de Inteligencia contra el Crimen Organizado
El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, anunció hoy en el pleno del Senado la creación de un Centro de Inteligencia contra el Crimen Organizado y dijo que el Ejecutivo es plenamente consciente de que, tras el terrorismo, este tipo de delincuencia es el riesgo mayor para la seguridad. Así lo indicó hoy Rodríguez Zapatero en respuesta a una pregunta del senador de CiU Pere Macias i Arau sobre las medidas que tiene previstas el Gobierno ante los robos de chalés en urbanizaciones de la costa mediterránea. El jefe del Ejecutivo indicó que la criminalidad organizada exige "una respuesta contundente" para poner todos los medios necesarios a disposición de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado.
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No obstante, indicó que ante la situación de asaltos en chalés de Tarragona y el sur de Barcelona, el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, mantuvo ayer una reunión con diputados y alcaldes catalanes y se comprometió a incrementar de forma sustancial el despliegue de la Guardia Civil en todo el área.
La crónica...
EL ROBOBO DE LA CACASA.
Noche del viernes día 10 de septiembre. Eran las dos y pico de la mañana en el silencio del Montiboli, que es realmente rotundo. Rosa, mi mujer, se había dormido en el sofá de la salita, con la tele encendida. Yo estaba absorto en un artículo del que fui sacado con brusquedad por unos ruidos sorprendentes y resquebrajados “¡Eh, eh! ¿Qué pasa?” Rosa estaba temblando “¿Qué pasa?” “No sé”. Salí al jardín. Vi una sombra “¿Un hombre o una sombra?” Una sombra. Una sombra fugaz corriendo sobre el muro medianero, justo por detrás de la piscina. Sonaba una alarma ¿La mía? No, la del vecino. Me dirijo al porche “¿Qué es eso?” Me dice Rosa desde el temblor de la salita. “Un cepillo” “No, no, eso”. Eran trozos de plástico. Con el cepillo de la piscina, habían roto la caja de la alarma, donde Prosegur tiene metida la sirena. Para que cante, como los pájaros.
Entro en casa, voy hacia el teléfono (mi casa, teléfono... ¿recuerdan?), llamo a la policía. “Bien, vamos p,allá”. Cinco minutos después llegaba un coche de la Guardia Civil, deteniéndose en la casa de mi vecino que, alarmantemente, tenía la puerta abierta. “¿Han entrado?” La alarma no paraba de sonar. Me acerco, me preguntan, me dicen, les digo. Uno de los guardias salta la valla intrépidamente, tanto que se rompe el pantalón. “No importa”.Abre la cancela. Suben. Llegan a la puerta principal. “Guardia Civil, ¿hay alguien?”. Penetran en la casa, el que va detrás lo hace como en las películas, cubriéndole al otro las espaldas, la pistola a dos manos, las rodillas dobladas, mirando alternativamente a los lados. El otro es el que pone la voz “¿Hay alguien?” No hay nadie. Lleva una linterna en la mano. Salen. Llegan más agentes ¿Más agentes o más números?. “Vosotros id por detrás” dice uno de ellos. Y dirigiéndose a mí: “Vamos a pegar una batida. Usted váyase, Sr. Estrada, llame a su vecino”. El hombre estaba empapado de sudor... De pronto, las parcelas colindantes se llenaron de linternas que cruzaban en la noche unas nerviosas luces, como los rayos láser de las discotecas. “¿Algo por ahí?”. Nada se movía en el entorno, sino la imperceptible brisa de la noche. Eso, y algún que otro vecino, que se asomó a la calle en pijama... “¿Qué ha pasado”?, preguntó desperezándose un bostezo (Un bostezo desperezándose es lo más parecido a un vecino en pijama).
Vuelvo a casa. Recibo una llamada de Prosegur, me explica, les explico, nos explicamos. A Pere, mi vecino, finalmente lo localizaron. Había salido a cenar con su mujer y unos amigos. Llega, escucha, mira, encuentra una parte del botín, envuelta en una sábana ¿Un convoluto? No, un envoltorio. Algunos objetos por el suelo, una impresora, un ordenador. Le llaman. Acaba de llegar. No sabe. Su mujer no quiere venir, él está tranquilo. Aún hay en la casa dos agentes de la Guardia Civil, jóvenes, dispuestos, serviciales. “¿De dónde es usted?” Pregunto “De Coruña ¿Por qué?” “No, por el acento”. Nada pueden hacer, sino coger un aparato donde, a buena vista, parece que hay huellas dactilares. “Mañana presenten la denuncia”. Mañana es hoy, y hoy, en el borde de mi piscina había un teléfono móvil y, reposando en su fondo, un ordenador portátil que, al sacarlo, chorreaba toda su agua de indiferencia... Eran los restos de un botín que los cacos habían soltado en la fuga. “Corre, corre, conejo”...
Rosa se acostó, yo me quedé en el ordenador, con el artículo, pero ya no hubo forma de terminarlo. Eran las cuatro y pico cuando me dejé caer en la cama, donde Rosa dormía a pierna suelta. Había vuelto a la seguridad. Yo me dormí pensando que, tal como andan las cosas, es importante tenerla resuelta. La seguridad, digo. Precaución, impedimentos, alarma, policía... Los agentes no pillaron a los cacos, pero se presentaron a tiempo en el lugar de los hechos, hicieron su trabajo como debían y nos dieron la sensación de que querían ser eficaces. Escribo esto hoy, sábado 11 de septiembre, después de haber presentado la correspondiente denuncia.
Mariano Estrada
Mariano Estrada, 11-09-2004
Nota: la denuncia es un requisito indispensable para que el seguro te abone los desperfectos.

