domingo, 30 de abril de 2006
El amor que llegó a ser vómito
El amor que llegó a ser vómito
Sabemos que el desamor produce unos extraños comportamientos que, en ocasiones, llegan a ser verdaderamente dramáticos, como se puede ver cada día en las noticias de los periódicos y de la televisión. Pero el caso al que voy a referirme fue más bien tragicómico. Veréis:
Hace tiempo, yo viví la experiencia de un amigo que estaba profundamente enamorado de su novia, pero ésta, habiendo descubierto que ya no le quería, no sólo no fue noble con él, sino que se regodeaba con su humillación y lo usaba de perrito faldero. Rendido a su amor, pero también a la evidencia, él lo echaba en llantos inconsolables, en confesiones tediosas y en borracheras morrocotudas. Yo fui su oreja y su almohada durante todo un curso legal. Vamos, como si de una asignatura se tratara.
Tan implicado llegué a estar en el asunto y tan cerca lo tenía que un día vomitó sobre mí... Sí, sí, un asco, no hace falta que nadie me lo restriegue. Tiempo después, cuando él ya se había repuesto de su pena en el sabor de otros labios, yo se lo solía recordar, para chincharle, pero... ¿Qué iba a hacer el hombre, sino reírse? Pues eso, se reía. Me miraba y se reía…
Hace mucho que no sé nada de él, pero su caso, una noche sin luna ni destellos, fue motivo de inspiración para mí. Eso sí, yo prescindí voluntariamente de todo lo que pudo tener de tragedia y sólo tomé las partes que me parecieron más cómicas, hasta llegar a aquel vómito puñetero que los años no han logrado borrar. Y aquí están, en este churro inclemente con forma de poema...
Un abrazo
EL AMOR QUE LLEGÓ A SER VÓMITO
Yo sólo soy el perro
que te lame y te huele,
que te sigue y que te, te, te...
(infusión a la hora de los toros).
La mano ejecutora
de tus y tus y tus,
en relación con mis y mis y mis,
incluyendo los crímenes
de lesa intimidad y ciertas
lesiones de autoestima.
He matado por ti
las penas en alcohol, y ahora
me consumo en las cárceles
de cuba: cuba llena, cuba en casa
cuba libre de embargos
y de prohibiciones;
de beber hasta límites
de peligrosidad insospechada
por los globos espiritosos;
de anestesiar el ego
con tragos de repetición,
con tragos de repetición,
con tragos de repetición...
y de matar la ausencia
de ti, tú, te, contigo,
descorchando botellas
de soledad
que convierten el llanto en
espumosos vaivenes de cabeza.
Mi ambición es caer
en un profundo coma, coma,
donde no haya necesidad
de ser esto o aquello,
ni conciencia más alta que el olvido,
ni noche ni mañana que no sean
una cárcava oscura.
Mi deseo es caer
en un puro nirvana, Ana.
¿Ana? Apártate de mi, re, sol,
que voy a echarte encima la papilla.
Mariano Estrada wwww.mestrada.net Paisajes Literarios
Sabemos que el desamor produce unos extraños comportamientos que, en ocasiones, llegan a ser verdaderamente dramáticos, como se puede ver cada día en las noticias de los periódicos y de la televisión. Pero el caso al que voy a referirme fue más bien tragicómico. Veréis:
Hace tiempo, yo viví la experiencia de un amigo que estaba profundamente enamorado de su novia, pero ésta, habiendo descubierto que ya no le quería, no sólo no fue noble con él, sino que se regodeaba con su humillación y lo usaba de perrito faldero. Rendido a su amor, pero también a la evidencia, él lo echaba en llantos inconsolables, en confesiones tediosas y en borracheras morrocotudas. Yo fui su oreja y su almohada durante todo un curso legal. Vamos, como si de una asignatura se tratara.
Tan implicado llegué a estar en el asunto y tan cerca lo tenía que un día vomitó sobre mí... Sí, sí, un asco, no hace falta que nadie me lo restriegue. Tiempo después, cuando él ya se había repuesto de su pena en el sabor de otros labios, yo se lo solía recordar, para chincharle, pero... ¿Qué iba a hacer el hombre, sino reírse? Pues eso, se reía. Me miraba y se reía…
Hace mucho que no sé nada de él, pero su caso, una noche sin luna ni destellos, fue motivo de inspiración para mí. Eso sí, yo prescindí voluntariamente de todo lo que pudo tener de tragedia y sólo tomé las partes que me parecieron más cómicas, hasta llegar a aquel vómito puñetero que los años no han logrado borrar. Y aquí están, en este churro inclemente con forma de poema...
Un abrazo
EL AMOR QUE LLEGÓ A SER VÓMITO
Yo sólo soy el perro
que te lame y te huele,
que te sigue y que te, te, te...
(infusión a la hora de los toros).
La mano ejecutora
de tus y tus y tus,
en relación con mis y mis y mis,
incluyendo los crímenes
de lesa intimidad y ciertas
lesiones de autoestima.
He matado por ti
las penas en alcohol, y ahora
me consumo en las cárceles
de cuba: cuba llena, cuba en casa
cuba libre de embargos
y de prohibiciones;
de beber hasta límites
de peligrosidad insospechada
por los globos espiritosos;
de anestesiar el ego
con tragos de repetición,
con tragos de repetición,
con tragos de repetición...
y de matar la ausencia
de ti, tú, te, contigo,
descorchando botellas
de soledad
que convierten el llanto en
espumosos vaivenes de cabeza.
Mi ambición es caer
en un profundo coma, coma,
donde no haya necesidad
de ser esto o aquello,
ni conciencia más alta que el olvido,
ni noche ni mañana que no sean
una cárcava oscura.
Mi deseo es caer
en un puro nirvana, Ana.
¿Ana? Apártate de mi, re, sol,
que voy a echarte encima la papilla.
Mariano Estrada wwww.mestrada.net Paisajes Literarios
Añadir comentario
Toda borrachera que se precie debe terminar en vómito. El amor de juventud es una especie de borrachera. Ergo, el vómito estaba cantado ¿Cómo es que te dejaste pillar
Bien,Mariano:dejar esos dramatismos exagerados convierte el dolor en guasa,que no está nada mal.La vivencia duró y duro se te hizo(Un curso completo).Seguro que al de la baja estima le pareció un plis,como quien mea negro por la noche.No sé si el final de la vomitona venía a cuento después de tu esfuerzo en soportarle.Tampoco lo que arrojaba.¿Pudiera ser que el zagalote tuviese arrojo de sobra y se decidiese a aceptar ese desamor cabroncete?Tu sabrás la respuesta porque fuiste mi,tu,su,nuestro...todo lo apañaste.
Me ha gustado,Mariano tu relato y la trasformación de la historia.
Lo mío es endémico.Ahora se suma a todo un momento familiar de órdago a la grande(y no tengo un puñetero rey).No quiero rechiflas ni riesgos de ellas.Es mi tema y tiene poca comprensión sin adosarme una buena parte de victimismo para explicarlo.Como eso no es así,no lo contaré a los alisios y menos a la rosa de los vientos.Un soliloquio disfrutando bajo las velas,
es suficiente para recobrar fuerzas.
Me ha gustado,Mariano tu relato y la trasformación de la historia.
Lo mío es endémico.Ahora se suma a todo un momento familiar de órdago a la grande(y no tengo un puñetero rey).No quiero rechiflas ni riesgos de ellas.Es mi tema y tiene poca comprensión sin adosarme una buena parte de victimismo para explicarlo.Como eso no es así,no lo contaré a los alisios y menos a la rosa de los vientos.Un soliloquio disfrutando bajo las velas,
es suficiente para recobrar fuerzas.
ja! buen relato , mejor poema...Pero como transformar algo tan bello como el amor en vomito?
Tal vez , se lo merecia..
Tal vez , no.
Pero , en todo caso , pienso que si el amor termina mal o bien , (de todos modos si termina siempre es mal), reducirlo a un vomito no va, al menos para mi...Pobrecito amor ! tal vez mejor convertirlo en niño muerto..
Aunque , y teniendo ante mi vista tu poema...no deja de ser un vomito muy poetico...
Maria
Tal vez , se lo merecia..
Tal vez , no.
Pero , en todo caso , pienso que si el amor termina mal o bien , (de todos modos si termina siempre es mal), reducirlo a un vomito no va, al menos para mi...Pobrecito amor ! tal vez mejor convertirlo en niño muerto..
Aunque , y teniendo ante mi vista tu poema...no deja de ser un vomito muy poetico...
Maria

