viernes, 17 de marzo de 2006

Siguen las corrupciones en Cataluña

Siguen las corrupciones en Cataluña

Sabíamos que Convergencia y Unión era una organización política corrupta, antes con el honorable Pujol y ahora con el dandy Artur Mas. Hace un tiempo supimos que el PSC, representado por el ministro Montilla, también lo era, lo que demuestra que no han aprendido la lección. Y ahora sabemos que lo es Ezquerra Republicana de Cataluña y el Tripartito que está en el gobierno de la Generalitat ¿Qué remedio hay contra esto, si nadie lo denuncia, ya que el PP es un toro que cojea del mismo pie y entra al trapo por la misma suerte? ¿No hay otra solución que seguir votando a esta pandilla de mangantes, que es en lo que se ha convertido una amplia gavilla de políticos, unos por serlo y otros por callarlo y otorgarlo? ¿Qué posibilidades tiene una persona privada de denunciar estas cosas ante un juez? ¿Conseguiría algo con ello? ¿Le buscarían después las cosquillas? ¿Lo echarían a los leones? ¿Correría peligro de quebranto físico?

En el caso de los políticos catalanes, que es el que hoy nos ocupa, aún tienen la cara de seguir haciéndose las víctimas, de chantajear al Gobierno de Zapatero y de imponer sus privilegios en el asunto de la financiación, de modo que las autonomías ricas serán aún más ricas y las pobres aún más pobres.

De verdad, “hermanos, camaradas, amigos”: ¿no habría forma de poner a esta gente contra la pared? ¿No habría modo de cortarles simbólicamente la mano?

Un abrazo

Leed este artículo de Arcadi Espada (Del recién nacido partido Ciudadanos de Cataluña)

La Vanguardia publica hoy una información fulminante sobre las actividades del gobierno tripartito. En dos años, ha gastado 56 millones de euros en psicoanálisis y propaganda. El gobierno lo llama informes de gestión. 56 millones de euros son más de nueve mil millones de pesetas. Es una cantidad realmente elevada. En algún momento se ha producido el deslumbramiento de que uno de esos informes fue encargado a la mujer del consejero Bargalló, por 1.620 euros. Un dato muy menor, que empalidece ante la magnitud del descubrimiento global. 56 millones de euros son, simplemente, uno de los precios más llamativos de una sociedad absolutamente subvencionada. Ese dinero, en realidad, no va a cuenta de los informes detallados en las partidas. Su destino es el control de la opinión pública catalana. O más exactamente: de lo que el gobierno cree que es la opinión pública catalana. Periodistas, profesores, relaciones públicas, técnicos diversos, lubricados y subvencionados, escriben cada día, al dictado político, el guión de la actividad catalana. Lo realmente importante no es lo que dicen sobre las cosas; sino la designación de cuáles son las cosas. Es así, por ejemplo, como se pagan 26 mil euros por un informe sobre el escudo de Cataluña o como “la puesta en escena del acto del Estatut en el castillo de Miravet” (las comillas son del escenógrafo), sale a doce mil euros escena. Sobre la corrupción de los informes hay dos tipos de análisis. Uno brutal: el político encarga un informe al amigo y, tarde o temprano, en contante o en sonante, se reparte el dinero con él. No me parece el más significativo. La corrupción auténtica es intelectual. No hay ninguna auditoría sobre el destino de esos 56 millones. Ningún análisis sobre la solvencia de esos informes, sobre su necesidad, sobre su oportunidad. Se audita el firme de una carretera. Pero esa vacua producción intelectual, destinada a cubrir el expediente, jamás.


Un abrazo

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