lunes, 05 de diciembre de 2005
Pequeño homenaje a Borges, venga o no a cuento
Pequeño homenaje a Borges, venga o no a cuento
Este texto es inédito y ronda los 20 años de edad. Forma parte de un libro titulado “Vindicación de JL Borges” que no verá la luz, con la salvedad de algunos, pocos, fragmentos.
El Otro
A JL Borges
Con toda claridad, lo cual no niega que pueda ser un ensueño, vi la espalda de un hombre que se alejaba. Mis ojos le siguieron con dolor hasta doblar una esquina.
De pronto, empezó a faltarme el aliento. Me sentí cansado, me vi desfallecer, caí, perdí el sentido...
La forma en que me reanimaron es algo que desconozco. Sé, no obstante, que a escasos metros de allí, justo al doblar una esquina, había caído otro hombre. Y que estaba muerto.
Todos coincidieron en decir que se me parecía. Lo que nadie quiso saber es que aquel hombre era yo.
Muchos se extrañaron de mi desaparición fulminante apenas conocido el suceso: “Se ha esfumado como por arte de magia”. Pero fueron tranquilizados por la razón y la lógica: “Habrá salido corriendo”. A pesar de que, desde entonces, no han vuelto a verme jamás.
En cambio, yo me he encontrado de nuevo con el otro. Ahora soy feliz, ligero como el aire. No en el cielo. No en la tierra. No en un cuerpo o un alma... En algún lugar deportado de la memoria, anterior al envilecimiento de la cordura.
Mariano Estrada
Este texto es inédito y ronda los 20 años de edad. Forma parte de un libro titulado “Vindicación de JL Borges” que no verá la luz, con la salvedad de algunos, pocos, fragmentos.
El Otro
A JL Borges
Con toda claridad, lo cual no niega que pueda ser un ensueño, vi la espalda de un hombre que se alejaba. Mis ojos le siguieron con dolor hasta doblar una esquina.
De pronto, empezó a faltarme el aliento. Me sentí cansado, me vi desfallecer, caí, perdí el sentido...
La forma en que me reanimaron es algo que desconozco. Sé, no obstante, que a escasos metros de allí, justo al doblar una esquina, había caído otro hombre. Y que estaba muerto.
Todos coincidieron en decir que se me parecía. Lo que nadie quiso saber es que aquel hombre era yo.
Muchos se extrañaron de mi desaparición fulminante apenas conocido el suceso: “Se ha esfumado como por arte de magia”. Pero fueron tranquilizados por la razón y la lógica: “Habrá salido corriendo”. A pesar de que, desde entonces, no han vuelto a verme jamás.
En cambio, yo me he encontrado de nuevo con el otro. Ahora soy feliz, ligero como el aire. No en el cielo. No en la tierra. No en un cuerpo o un alma... En algún lugar deportado de la memoria, anterior al envilecimiento de la cordura.
Mariano Estrada

