domingo, 04 de diciembre de 2005

La Navidad y sus juguetes

La Navidad y sus juguetes

El ordenador me ha chafado un artículo que había escrito sobre la Navidad. Era un artículo muy tierno, que evocaba la niñez, la nieve, la felicidad, el calor indescriptible de la familia. Así que me dispuse a rescribirlo, pero entonces me di cuenta de que, salvados los recuerdos y la sensiblería, aquello sobre lo que yo me había explayado, hoy apenas existe. Que ahora lo que prima es otra cosa: frío en las relaciones, cálculo en los pensamientos y máximo interés en el negocio. ¿Cómo cambiar la realidad en unos pocos días y cómo ofrecerles a los niños algo que acaso no tenemos?

Los mercaderes occidentales, que en Europa reniegan de su pasado cristiano, utilizan la Navidad para vender sus cachivaches de hipocresía. Porque, vamos a ver, ¿para qué se celebra el nacimiento de Jesucristo, realmente? Para mantener un negocio monumental ¿Y no sería mejor que redujéramos al mínimo la parafernalia, que es abrumadora y obscena, y les dijéramos a los niños que eso de los Reyes Magos, a cuyas barbas se ha subido Papá Noel, es algo que se ha salido del tiesto, es decir, del espacio íntimo del corazón y de los zapatos? ¿Por qué seguimos el juego de los mercaderes que, además de enriquecerse con nosotros, nos atiborran de cosas innecesarias o contraproducentes, algunas de las cuales promueven claramente la agresividad?

La verdad es que con este bombardeo de chirimbolos que lanzamos sobre los niños, acaso les estamos diciendo: “mirad, muchachos, en el futuro no tendréis que pensar, porque pensar es chungo. Lo único que tenéis que hacer es apretar un botón, enchufar un cable, habilitar un espacio. Además, cuando os canséis de la insulsez de los juguetes “pacíficos”, que como sabéis son ñoños, podéis pasar a la acción con los juguetes de guerra, entre los que los videojuegos tienen un lugar destacado. Y puesto que de mayores os vais a destrozar unos a otros, lo mejor es que aprendáis a hacerlo cuanto antes ¿No os parece? Vuestro futuro está en los rifles de repetición, en los aviones lanzamisiles, en los tanques destripaenemigos. Ahí los tenéis. Ésos deben ser vuestros caballos de adiestramiento. Id haciendo putadas de iniciación. Dentro de unos años, vais a tener que vivir en una guerra continua para aseguraros el futuro, que será de competitividad y de odio. Lucharéis para servir a vuestro amo, que será un dios de poder y de dinero”.

Quien abajo firma, que no es un fanático religioso ni un extremista político, sino un simple ciudadano de la calle situado ante su propia responsabilidad, tiene clara conciencia de que lo dicho más arriba parece la cantinela de un loco. Una hipérbole, vamos. Pero lo cierto es que si entre nosotros, los mayores, hay síntomas evidentes de deshumanización, o por lo menos de deshermanamiento, entre los niños de cierta edad, - y no digamos entre los jóvenes y los adolescentes -, hay una inquietante inclinación a la violencia que, si fuéramos sabios y responsables, nos debiera llenar de preocupación.

Pero claro -se objetará-, si unos son ñoños y otros perversos ¿qué juguetes les damos a los niños? Y lo que es peor aún ¿qué van a hacer los pobres mercaderes si les quitamos de un plumazo la bicoca? Vaya, no había caído yo en esa cuenta, pero es verdad: ni los niños pueden jugar en la calle, donde sólo hay espacio para los coches, ni los mercaderes pueden prescindir alegremente de sus consolidados negocios. ¿Cómo van a hacerlo si el Gran Papá Estado, cuyos representantes debieran velar por la bondad de sus amados contribuyentes, tiene ocupadas las alcantarillas por el obsceno comercio de las armas?

Y éstas no son de juguete precisamente, éstas sirven para matar de verdad. Y también para que las empuñen los niños, porque conviene recordar que hay niños que crecen con un arma en la mano, que a los once años son reclutados para el terrorismo o para la guerra y que muchos de ellos mueren sin haber tenido niñez y, lo que es peor aún, sin haberla dejado todavía.

Mariano Estrada

Añadir comentario