martes, 22 de noviembre de 2005

Fantasía Larga

Fantasía larga

Los pechos más bonitos que he visto en mi vida los tiene la chica con la que he quedado mañana en el Retiro. Podía haber dicho lo mismo de los ojos o de los labios, pero he dicho los pechos porque me ha salido así del subconsciente recóndito y freudiano, donde pinta muy poco la voluntad, que asiente subyugada. Digamos que los pechos han tirado con fuerza de mis pensamientos y luego me han llenado absolutamente la boca, por la que, no obstante, he hablado y he dicho. Y no es que esté obsesionado con ellos, en el sentido de que los quiera tocar constantemente, sino que me limito a referir que son de una extremada belleza, tanto en el volumen como en la orientación. ¿Qué si los pechos tienen orientación? Bueno, digamos que los aludidos miran mucho de frente, ya que apuntan al mundo desde una juventud de veintidós años por los que no ha pasado la ruina. Son pechos salvajes que tienen la turgencia que les corresponde por edad, a lo que hay que añadir, como digo, un tamaño modesto, pero adecuado, y una forma adecuada, pero perfecta. ¿Qué puedo hacer yo con estos mimbres? No, no digáis que un cesto, porque eso ya lo he intentado y fracasé. Los años transcurridos no han pasado por ellos, sino por mí, que, sin embargo, desde entonces, no he podido jamás dejar de hablar en presente.

Mariano Estrada

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