sábado, 19 de noviembre de 2005

Todos los fuegos son el Fuego

Todos los fuegos son el Fuego

Es verano, hace un calor asfixiante, los fuegos se multiplican por doquier, arde París, arde Troya, arde el horno de leña de la pizzería Vulcano, cuya dueña es italiana y fogosa. ¿Y qué se me ocurre a mí para sofocar tanto incendio? Darte una ducha con la manguera del jardín. No, no hay tal. Tirarte en calzoncillos a la piscina. Tampoco, tampoco. Ponerte un ventilador en el culo. Frío como un témpano. Irte a una terraza climatizada. Que no, que no, que no es mío mi corazón esta tarde... Vaya, parece que el pipiolo ha sido tocado por el rayo. Sí, el que no cesa. Y has fijado una cita con la manzana. Puede. Y te gusta. Con locura. Y es hermosa. Hasta el insulto, casi con avaricia ¿Y cómo sabes que no tiene gusano? Porque lleva marca de origen y garantía de calidad ¿Y cómo piensas quemarte, al fuego lento de un tronco o a la intensidad flamígera de unas pajas? Nintendo. En tal caso, me explico: ¿es un potro de amor o sólo empuja el deseo? ¿Y si empujan los dos, Roma de una parte y de la otra Santiago? De ser así, amigo, estaríamos hablando de la inclinación a la domesticidad, que es un estado del hombre, tal vez el único, en el que está realmente dispuesto a posponer el yo en beneficio del otro, y al que solemos ir de cabeza. Con razón, es lo más cerca que podremos estar nunca del cielo.

Mariano Estrada

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