Jueves, 20 de octubre de 2005
... Y al caminar se reflexiona.

"Hay momentos en que el camino se anda en silencio y, entonces, m?s que con el compa?ero de viaje, caminamos con la intimidad". M.E.


A veces, el camino es un silencio necesario sobre el que caen los pensamientos y las ausencias o, simplemente, la monoton?a de los pasos. As?, el camino no s?lo se hace al andar, sino que se marca y se remarca bajo las plantas de los pies, que en realidad son las gomas de unas botas camperas cuyas puntas se clavan en tus ojos al ritmo de una m?sica pausada y recurrente y con principio de interrogaci?n ?Qu? hago yo aqu?? ?Qui?n es yo, qu? es aqu?? ?Por qu? me gusta este yo y este aqu?? ?Por qu? me atrae m?s la realidad natural que la transformada? ?Por qu? no me ilusionan los actuales derroteros de la sociedad ni tampoco los inmediatos, si son como todo est? previsto? Si amo tanto la vida ?por qu? tengo que buscarme refugios? ?Por qu? hay siempre alguien que se aprovecha del dolor de los otros? ?C?mo ser feliz sin un acuerdo ?ntimo con tu coraz?n y tambi?n con la realidad en la que vives? ?Es suficiente lo posible? ?Debo enfrentarme a lo que no me gusta, para cambiarlo, o hacerme un nido en la higuera? Y si hago un nido en la higuera ?debo instalar en ?l un tirador de chinitas? Y si eso no vale de nada ?ad?nde ir? con los huevos que haya estado incubando, ya que son excesivos para el h?gado de un ruise?or y no s?lo de pan vive el hombre?

Y las respuestas no pasan el tamiz de la superficialidad, sino que quedan atrapadas en un punto reflejo del subconsciente, donde est?n los parapetos de la ignorancia, las almenas del miedo a la verdad, a las verdades, el v?rtigo que emerge de esa pretendida profundidad en la que suele estar el vac?o sobre el que flotan, incontestadas, las preguntas. Hasta que un d?a inescrutable e indeterminado, hoy, ayer, ma?ana, siempre, alguien acaba por decir: ?qui?n era? Y le responde una m?scara de gravedad: ?Le llamaban Manuel, naci? en Espa?a?.

Y ah? queda el misterio, en el interior de una conciencia acorazada que no logr? convertirse en granada rompedora, porque no horad? la tierra para dar contestaci?n a las preguntas, limit?ndose a viajar como abarrote de la sociedad en un tren atestado de mercanc?as. Menos mal que tambi?n iban gallegos. ?Coca-cola, hay coca-cola? ?D?nde estamos, se?or? En Medina del Campo ?Y cu?ndo estaremos en Madrid? Antes de la Expo de Sevilla, a altas horas de la velocidad, del traqueteo, del alto jazm?n en la alta noche ?La alta velocidad implica una mayor confusi?n con el tocino que la que ha tenido hasta ahora? Con el unto, m?s bien, con la manteca ?Y usted c?mo se llama? ?Me llamo barro aunque Miguel me llame? ?Y qui?n es usted en realidad? Yo soy yo, pero tambi?n mi circunstancia, que es mi fe, que es mi padre y mi madre, que es el fr?o y la noche, que eres t?, que es mi mujer, que son mis amigos y mis hijos, mis disc?pulos y mis maestros, el barrio, los vecinos, la sociedad, los libros.

?Carne, espiritualidad, historia? ?Carne de grasientas hamburgueser?as, espiritualidad de los est?mulos et?licos, historia de los derrumbamientos humanos? Adi?s, se?or, yo me llamo insistencia. No creo en el descr?dito, ni en la maldad intr?nseca y absoluta, ni en la absoluta corrupci?n, ni siquiera en los ?nimos ca?dos ?Y en los ca?dos por Dios y por Espa?a? ?Qu? ca?dos son ?sos, se?or? Espa?a no tuvo ca?dos, sino tumbados. Caer no es tumbar. Yo me caigo de bruces, involuntariamente, t? te tumbas a la bartola con todas las premisas de la voluntad. O matas al del quinto o jodes al del sexto. Los unos a los otros. Los otros a los unos. Todos fueron tumbados, metidos en la tumba ?Por qu?? Por el raro sentido de las guerras, por la ausencia palmaria de generosidad, por el orgullo desmedido y la oprobiosa intolerancia, por la absoluta falta de miras, por la codicia, por la incomprensi?n pat?tica de los hombres, no de todos los hombres, claro, s?lo de unos pocos, los que mandan, los que disponen, los que se obsesionan con el honor y con la patria, los que dominan, los que obran de mala fe y los que tienen el pensamiento retorcido. A los muertos los cambiaron de valle. Del vivo de las l?grimas al yerto de los tumbados. No una tumba, muchas tumbas. No un valle, muchos valles. Pero yo me llamo insistencia, como dije. Y de todos los valles, Valle Incl?n. Y de todas las guerras, el perd?n.

Por eso estoy aqu?, invocando la ni?ez, donde persisten las ninfas de los arroyos y de los bosques y de la libertad. Llamando a las puertas del pasado para ser presente y futuro, para ser alma y paisaje, para ser roble y camino. ?Como t?, piedra peque?a?, que antes fuiste una roca en un monte que se resquebraj? y ahora eres un grano diminuto y pu?etero que se ha colado en mi bota de correcaminos ?Pi-Pi! Pip?, no: caca. Me siento mal, muy mal, pero me siento a fin de cuentas y me descalzo y me percato de que, durante unos leves segundos, se incrementar? el paro en Espa?a. O al menos el acervo de las paridas. La intimidad nos permite ser banales sin que sea necesaria una disculpa. Aunque es peor ser fr?volos o poderosos o soberbios o aniquiladores. La intimidad tiene los l?mites diluidos, depende de la conciencia de cada uno, es decir, del soporte. La intimidad es el soporte de las personas. Vaya, ahora me incorporo y carraspeo, tal vez para ocultar esta verg?enza de sacar a la luz mis nader?as y banalidades. Aunque, no s?, en momentos de relajaci?n y de abandono, acaso vengan bien para evitar que se nos cuelen las venganzas y los odios y, en general, los pensamientos que encierren prepotencias o injusticias o amarguras.

Ya de pie, levanto la cabeza, tomo un soplo de aire, miro hacia el punto de destino y pienso, desde el met?dico descarte de la duda, que la distancia entre la dicha y el dolor es una recta muy corta, tan corta como la que existe entre el odio y el amor, tan corta como la que media entre la seriedad y la risa. M?s corta a?n que la existente entre ciudades unidas por el Ave, Iglesias unidas por el Ave, ej?rcitos unidos por el Ave. Ave, F?nix, ?acaso te refieres a C?sar? ?Qu? C?sar, Vallejo? Al C?sar, Bruto. No, Gounod, me estoy refiriendo a Mar?a, soy Schubert...

Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios
Publicado por Mariano.Estrada @ 23:28
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